10 Lecciones aprendidas en mi primer año dando clase

Mi primer año como docente ha sido intenso. Gracias a esta experiencia he aprendido varias lecciones, algunas de ellas a la fuerza. Todas ellas me han ayudado a crecer como persona. En esta entrada me gustaría compartir algo de lo que he aprendido contigo, quizás te sea útil.

1. Se humilde

Como individuo, en situaciones casuales o en canales sociales es relativamente fácil aparentar un dominio en determinado campo y posicionarte como un experto. Exponerse con esa mentalidad frente a un grupo de alumnos adultos es un suicido.

…la humildad es la mejor tarjeta de presentación. Genera empatía y te hace más cercano.

Una de las primeras lecciones que he aprendido en mi primer año como docente es que la humildad es la mejor tarjeta de presentación. Genera empatía y te hace más cercano, algo muy importante ya que es más sencillo aprender o absorber la información de alguien a quién consideras como tu.

Llevado a la práctica:

  • Cuando algo queda fuera de mi alcance, respondo “La verdad es que en este tema no tengo demasiada experiencia, pero si se donde buscar así que el próximo día te traeré algunas referencias”. Lo que importa es la voluntad de ayudar.
  • Si un alumno tiene un conocimiento más profundo sobre cualquier tema, hay que reconocerlo y darle las gracias porque estás aprendiendo e el.
  • Si me equivoco en algo o me quedo en blanco, no pasa nada, hay que reírse de uno mismo y continuar hacia delante. No eres infalible, no eres perfecto, no hay que intentar aparentarlo.

2. Si quieres aprender tienes que enseñar

Uno cree que sabe, domina y entiende… hasta que tiene que explicarlo a otras personas. Entonces es consciente de las lagunas y fisuras en su conocimiento. Es una sensación terrible si te ocurre “en vivo” (cualquier profesor sabe de lo que hablo).

Tener que explicar algo —lo que sea— a un grupo de personas te fuerza a entenderlo en toda su naturaleza, en todo su contexto, solo así se reúne la confianza en uno mismo suficiente como para hacer de correa de transmisión del conocimiento (más sobre la confianza más adelante) con garantías.

No hay duda, la mejor forma de aprender algo es enseñándolo a los demás.

3. Menos teoría y más práctica

Puedes desarrollar la mejor presentación imaginable, con diagramas, esquemas, referencias y la mejor estructura, pero si no muestras ejemplos y, sobre todo, no permites la práctica directa te puedo asegurar que solo un pequeño porcentaje de las personas que atienden entenderá lo que estés explicando. Incluso los que responde “si” a la pregunta “¿ha quedado claro?”, no lo tiene claro.

En el balance entre teoría y práctica me he dado cuenta de que las aplicaciones través de ejemplos son la mejor forma de afianzar el conocimiento. En mi caso, utilizo esta fórmula:

  • Presentación con la teoría del concepto: El porqué.
  • Qué problema resuelve: Para qué.
  • Varios ejemplos, de más sencillo a más elaborado: Cómo.
  • Practica en vivo, en ese mismo momento para comprobar si se ha entendido, resolviendo dudas en directo y de forma personalizada.

4. El entusiasmo es contagioso

Cuando te expones delante de otras personas estás transmitiendo una parte de ti. Si lo que estás explicando te provoca entusiasmo, si te gusta de verdad, esa energía positiva se transmite y llega directamente a quién te escucha, provocando algo maravilloso: que la persona se entusiasme y motive también.

Esto lo he vivido en multitud de ocasiones al explicar conceptos complicados o algo abstractos a personas completamente profanas en la materia.

De igual forma, si lo que estás explicando no te provoca nada salvo hastío, también se transmite a las personas que te escuchan, provocando que desconecten. Esa desconexión, a la larga, se hace casi insuperable.

5. Aprender no es competir

En la sociedad tan competitiva en la que vivimos da la impresión de que hay que ser el primero en todo. Pues bien, en mi experiencia la competitividad es incompatible con la docencia. Simplemente la primera hace que la segunda no pueda desarrollarse.

Aprender significa ser abierto de mente y estar dispuesto a absorber y complementar tu propio conocimiento con el de los demás.

Para aprender hay que tener voluntad de hacerlo, para ello hay que reconocer que se ignora y esto es algo que a todos nos cuesta. Como he dicho antes, dar ejemplo siendo humildes ayuda mucho a crear el ambiente necesario donde cada uno pueda mostrarse como es.

Crear un clima de cordialidad e igualdad lo antes posible, donde todos participen y fomentarlo cada día, es algo esencial.

6. La motivación es el resorte de la acción

No hay nada que una persona motivada no pueda llevar a cabo. Nada. Esto lo he sospechado durante mucho tiempo pero en este año lo podido ver en práctica día tras día.

Motivar a una persona requiere (como he mencionado antes) transmitir el propio entusiasmo pero también conocer los rasgos psicológicos más característicos de cada persona y tratar de adaptar el mensaje en cada caso.

Como el entusiasmo y la pasión, la motivación es altamente contagiosa, por ello hay que cuidarla como algo muy delicado y mantener su equilibrio por todos los medios.

7. Ten un plan, pero aprende a saltártelo

Es indispensable tener un plan o un método para cada aspecto importante de la vida. En el caso de la docencia es aún más necesario porque estás utilizando el recurso más importante de otras personas: su tiempo.

En mi caso, antes de la primera clase ya tenía planteado un planning de cada unidad, su presentación, ejercicios y demás material docente. Esto no quiere decir que tuviera todo el material desarrollado, sino que sabía qué iba a impartir y cuándo. La tranquilidad que aporta este tipo de planificación a un profesor novato es inmensa.

Sin embargo, casi tan importante como tener un plan es saber ser flexible y ajustarlo sobre la marcha. Tu plan no puede estar escrito en piedra porque casi con toda seguridad tendrás que mover aquí y allá, cambiar días, asignar más tiempo a determinado tema, etc. Al final, el ritmo de la case lo marcan las personas que la forman.

Otro aspecto importante es planificar para el desastre, disponiendo de material extra para impartir en el caso de que te quedes corto. Recomiendo encarecidamente tener preparado el doble de material que se haya planificado para ese día.

Una anécdota: En mi debut como profesor acabé mi material cuando todavía quedaba casi la mitad de clase. La sensación no es nada agradable.

8. Comenzar lo es absolutamente todo

No puedo expresar lo realmente importante que es simplemente comenzar.

En muchas ocasiones nuestra mente nos pone impedimentos. En otras la propia tarea, por su magnitud, parece algo imposible de llevar a cabo. La solución es muy sencilla: comenzar.

Basta con asignar 5 minutos y comenzar a trabajar. Lo que ocurre es que nuestro cerebro entra en modo trabajo y como el movimiento engendra movimiento, estaremos trabajando mucho más de 5 minutos.

Esto es algo que he procurado transmitir a las personas que he tenido como alumnos, además de ponerlo en práctica en cada clase.

Si te interesa este tema hace tiempo escribí una entrada relacionada llamada 10 Principios básicos sobre productividad personal que sí funcionan.

9. Aprender algo nuevo es jodido, pero merece la pena

Seamos honestos: las cosas buenas ocurren fuera de la zona de confort. Dicho de otra forma: es imposible crecer sin exponerte al cambio. Como todos en mayor o menor medida tenemos una resistencia al cambio (forma parte de nuestro ADN humano) es más sencillo permanecer en la zona de confort que aventurarte fuera de ella.

Este fenómeno lo he comprobado en innumerables ocasiones en mi propia vida, pero durante este año lo he podido ver en otras personas y es alucinante.

Aprender algo nuevo es siempre complicado. Si encima es algo que es completamente ajeno (ejemplo: un diseñador gráfico aprendiendo JavaScript) se llega a generar hasta rechazo. Sin embargo, si eres lo suficiente constante, motivas a la persona y consigues que comience a probar, más tarde o más temprano todas las piezas del puzzle se unirán en su cabeza y llegará el momento del click, cuando de repente todo cobra sentido. Es una sensación tremendamente adictiva y una gran inyección de auto-estima y confianza en la persona que lo experimenta. Merece la pena.

10. Enseñar te hace más humano

Por último pero no menos importante, transmitir, motivar, enseñar, es algo que te cambia la vida ya que todo lo que haces por los demás al final revierte en ti mismo directa o indirectamente.

No sólo te hace sentir mas confianza en ti mismo, sino que te hace mejor persona. Te humaniza.

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