El fracaso sólo existe en tu cabeza

Durante los últimos dos meses he estado enfrascado en lecturas sobre modelos mentales (estoy preparando varios artículos) y acerca de cómo damos forma a la realidad cotidiana en base a nuestra única —y limitada— perspectiva personal.

Es un tema apasionante.

Una de las primeras aplicaciones prácticas de lo que he aprendido ha sido el cambiar mi forma de entender algo temido por todos: el fracaso.

Al re-descubrirlo me he dado cuenta de que es necesario. Sí, lo has leído bien: el fracaso es necesario.

Deja que te explique el porqué.

Todos queremos crecer, realizarnos y completarnos como personas. Lograr esa realización requiere hacer algo diferente y nuevo porque es la única forma de avanzar (ya sabes, no puedes esperar un cambio si sigues haciendo lo mismo).

Sin embargo, la mayoría de personas rehuimos esa fase de exploración de nuevas opciones y sus experiencias —que al fin al cabo son las que traen el crecimiento— además del acceso a nuevas oportunidades, por miedo al fracaso.

Nadie quiere tener nada que ver con el fracaso, aunque éste es parte imprescindible del camino hacia el éxito.

Con este ligero cambio de perspectiva y mi experiencia a través de este artículo, mi deseo es que te des cuenta de que el verdadero fracaso es no intentar nada por miedo a fracasar.

El camino al éxito no es una línea recta

Si te dejas llevar por los típicos vídeos de motivación o por artículos del estilo “10 pasos para convertirte en millonario” puedes pensar que el camino que define tu avance hacia el éxito es una línea recta, fruto de una única decisión y que a partir de ahí todo funcionará en piloto automático.

Nada más lejos de la realidad.

Sólo tienes que reflexionar un poco para ser consciente de que el camino para aprender todo lo que te ha aportado valor a tu vida ha sido, en mayor o menor medida, tortuoso.

Por ejemplo, cuando aprendiste a montar en bicicleta estoy seguro de que no fue cuestión de cinco minutos, ¿verdad?. O cuando aprendiste a patinar/esquiar/leer/nadar, ¿no abandonaste ante la primera dificultad, no?.

Lo mismo ocurre con aprender a andar o hablar. Requieren una práctica, exigen cometer errores, pero éstos forman parte del aprendizaje en sí, sin ellos no se puede progresar.

Entiéndelo de una vez: a lo largo de tu vida has logrado avances increíbles gracias a fracasar constantemente. Esos fracasos pavimentan el camino hacia el éxito, forman parte de él, no te los puedes saltar.

Anticipa las complicaciones, son normales

Más allá de la propia percepción del fracaso hay otro factor muy importante: la sociedad, ya que vivimos en ella y tiene una gran influencia en el individuo.

En la sociedad actual, el fracaso —al igual que el sexo o la muerte— es un tabú.

Cuando una persona emprende y el resultado no es el esperado, se le desplaza, como si tuviera una enfermedad incurable. El fracaso se ve como un estigma del que no hay salida, así que, por lógica, nadie quiere explorar por miedo a enfrentarse a él.

Este es uno de los motivos por el que no todo el mundo emprende.

Otro factor que juega en nuestra contra es que queremos conseguir todo de forma inmediata, ahora mismo. No nos interesa el proceso para llegar a lo que anhelamos ni estamos dispuestos a pagar con esfuerzo y dedicación.

Estamos tan alejados de la cultura del esfuerzo que, cuando llega el más mínimo revés, no sabemos que hacer. La reacción normal ante el primer fracaso es huir para quitarse de la cabeza cualquier pensamiento de volver a emprender en el futuro.

Algo muy triste y que no ocurre en otros países.

La perseverancia es clave

En mi caso, todavía no he alcanzado mi mejor versión, mi idea de éxito. Aunque me queda un largo Viaje que recorrer, he aprendido que cualquiera puede conseguir lo que se proponga si es lo suficientemente constante.

Lo que intento decirte es que, hoy en día, con el acceso instantáneo a todo el conocimiento, con paciencia y trabajo duro podemos llegar hasta donde queramos.

El problema entonces no es la falta de inteligencia o de información —eso son excusas que todos utilizamos, es la falta de concentración y perseverancia lo que nos impide crecer. Es aquí donde juega un papel importante la pasión, no antes.

Seguro que conoces ese consejo tan extendido que recomienda basar todas tus acciones en la pasión. Personalmente creo que la pasión no es el indicador para comenzar algo, pero sí lo es a la hora de perseverar en lo que te hayas propuesto.

Sea lo que sea lo que te hayas propuesto emprender, más tarde o más temprano —como ya has visto— encontrarás el primer obstáculo. Aquí la pasión te dará un impulso extra para continuar tu camino.

Podría hablarte de personas muy conocidas que no tiraron la toalla ante el primer fracaso (Stephen King, J. K. Rowling, etc.), sino que los fueron acumulando y con ellos construyeron con tesón una escalera hacia el éxito.

Hoy en día tu y yo sabemos sus nombres. ¿Qué hubiera pasado si se hubiesen rendido a la primer de cambio?.

No sería interesante si todo fuera bien

Hay un paralelismo total entre tu propio camino hacia lo que tú concibas como éxito y cualquier novela o serie de ficción.

En ambos casos hay un protagonista principal, una meta con su desarrollo y, sobre todo, problemas y dificultades.

Si el protagonista llegase a su meta sin más, estaríamos ante la historia más aburrida del mundo. Nadie querría ver esa serie, de igual forma nadie leería ese libro.

Los problemas, las dificultades y el viaje personal para superarlos vende, atrae atención porque es más sencillo conectar con los problemas de otra persona para superar los propios.

Comparte el proceso

Hace nada he mencionado la palabra atención. No ha sido casual.

Las personas nos sentimos identificadas y conectamos con las historias de otras personas.

Además de anticipar los problemas que llegarán y perseverar sin descanso, te recomiendo que compartas el propio proceso, el camino: tu historia.

No sólo traerás atención hacia tí mismo, creando una audiencia (lo que debes hacer con ella es tema para otro artículo), sino que te servirá para descargar parte de la tensión de hacer algo por primera vez, saliendo de tu zona de confort.

Es más, el comprometerte públicamente —decir que vas a hacer algo— te sostendrá en los momentos más críticos, cuando creas que no vale la pena seguir y pienses en abandonar. Te lo digo por propia experiencia.

También por experiencia te recomiendo que no dejes que el miedo al ridículo —común en todas las personas— sabotee una gran oportunidad de exponerte al mundo tal como eres y narrar el proceso —tu viaje— hacia la mejor versión de tí mismo e inspirar a los demás a hacer lo mismo.

Sólo es fracaso si te rindes

Comenzaba este artículo diciéndote que he cambiado mi forma de entender el fracaso y así ha sido: ya no le tengo miedo.

No me da miedo, sino pavor, el ser un cobarde que nunca intente nada en su vida.

Cambiando la forma de ver el fracaso te darás cuenta de que todo es cuestión de perspectiva. Fracaso y éxito son relativos. ¿Relativo a qué entonces?: a rendirse. Es relativo a si has abandonado.

Nadie llamaría fracaso a los tropiezos y experiencias intermedias que forman parte del camino al éxito. Prueba y error ha sido la sencilla estrategia detrás de las invenciones más importantes de la historia. Sólo es fracaso si abandonas, ya que pierden su propósito. Sin embargo, si perseveras, esas mismas dificultades se convierten en los escalones de la escalera hacia tu meta.

Alguien, hace mucho tiempo, sintentizó mucho mejor que yo lo que he tratado de decirte en las últimas mil trescientas palabras:

En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada.
Franklin D. Roosevelt (1882-1945) Político estadounidense.

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