El joven Giovanni Giorgio siempre soñó con ser músico. No sólo músico, sino compositor. Desde adolescente aprovechaba cualquier momento fuera de la escuela para practicar la guitarra sin descanso.

Giovanni sabía que el suyo era un sueño difícil. Sus aspiraciones eran demasiado grandes para un adolescente. Aún así nunca abandonó su meta y en cuanto tuvo oportunidad se traslado a Munich, una ciudad cosmopolita donde poder desarrollarse profesionalmente.

Como músico y compositor al que nadie conocía, Giovanni sabía que tenía que hacerse visible si quería cumplir su sueño. Durante años viajó cada noche a las discotecas locales, donde cantaba algunas canciones para entretener al público. Al finalizar dormía un par de horas en el coche antes de volver a casa.

Poco a poco su nombre fue ganando popularidad. También su destreza y experiencia con nuevos instrumentos y formas de crear música. Además tenía una idea: producir un disco que recopilase los sonidos de los años 50, 60 y 70, pero incluyendo también el sonido del futuro. Este disco sería el empujón necesario —pensó— para conquistar a la audiencia.

Sólo había un problema. Giovanni no tenía ni idea de cómo sería el sonido del futuro.

Aún así no se detuvo. Conocía el funcionamiento de los sintetizadores —algo muy novedoso a mediados de los 70— e intuía que en el futuro música y electrónica irían de la mano.

Armado con sus rudimentarios conocimientos de aparatos electrónicos, Giovanni se olvidó de conceptos como armonía musical y corrección acústica para, simplemente, dejarse llevar.

Aunque era consciente de que estaba explorando un nuevo territorio al producir un sonido nunca antes escuchado, nadie podía imaginar que un chico de un pequeño pueblo de Italia cambiaría el panorama musical para siempre.

Tres Oscar, cientos de premios, colaboraciones con estrellas de Hollywood e innumerables números uno después, se puede decir que la música disco le debe parte de su existencia a Giovanni Giorgio Moroder, que ha pasado a la historia y es conocido mundialmente como Giorgio.

Mentalidad de aprendiz

La historia de Giorgio Moroder es una entre muchas. Es la historia de un ser humano que aun consciente de sus limitaciones no permite que éstas le detengan.

Son personas que sienten a la vez un profundo deseo de crear y la curiosidad suficiente como para probar nuevas ideas, o al menos combinarlas de una forma completamente desconocida.

No es de extrañar que uno de los libros predilectos de Steve Jobs fuese Mente Zen: mente de principiante, que comienza con las míticas palabras:

“En la mente del principiante hay muchas posibilidades; pero en la del experto hay muy pocas.”

Para crear algo nuevo no solo hay que desafiar lo establecido sino tener la humildad suficiente de reconocer nuestra ignorancia. Es la única forma de permitir manifestarse a lo nuevo en un espacio donde antes sólo existía dogma.

Cuando se nos presenta la oportunidad de hacer algo diferente (lo que sea) solemos centrarnos en encontrar todas las razones por las que no podrá hacerse o los motivos por los que no va a salir bien.

Las personas que marcan la diferencia prefieren dedicar esa energía a encontrar las razones por las que sí se puede hacer. No por demostrar o en busca de validación —se trata de un deseo noble; sino porque les mueve una obsesión que consume cada uno de sus pensamientos.

Sana obsesión

Siempre he creído que el proceso de lograr algo importante está lleno de intensos periodos de obsesión. No me refiero a la obsesión diagnosticada como obsesiva-compulsiva, sino al sano impulso que te acompaña cada día y recuerda lo que quieres conseguir, por imposible que parezca.

Se trata de lo primero que piensas cuando te despiertas. También lo último que circula por tu mente cuando cedes al sueño.

Esta obsesión —sana, repito— y la acción resultante, son los ingredientes esenciales para conseguir cualquier cosa que nos propongamos y para lograr el estado de flow (fluir) descrito en el archiconocido libro FLOW: Una psicología de la felicidad, del autor cuyo apellido nunca he sido capaz de pronunciar.

Se trata del estado semi-extático en el que eres uno con lo que estás haciendo y que todos experimentado aunque sea alguna vez. Cuando fluyes pierdes la concepción del tiempo. El tiempo vuela, solemos decir.

Eres tu peor enemigo

Con tantos precedentes y sabiendo que la grandeza espera a quien se atreve a desafiar el statu quo y hacer algo diferente, ¿qué nos impide entrar en acción?.

Sin duda La Resistencia.

No se trata de un concepto inventado por mí. Existen libros enteros como The War of Art o Do the Work de Steven Pressfield, donde se nos habla de esa voz interior que todos/as llevamos dentro y cuya única misión es paralizar cualquier intento de cambio.

Tú también la has escuchado cuando intentas probar algo nuevo, cuando piensas tímidamente en adentrarte en una dirección desconocida.

De repente, La Resistencia te muestra todos los argumentos lógicos por lo que eso que quieres hacer, grabar, programar, escribir, dibujar, componer o crear no es buena idea y que es mejor dejar las cosas como están.

En su defecto lo que debes hacer es no hacerte tantas preguntas y seguir persiguiendo el confort de las distracciones mundanas que todos tenemos a nuestro alcance con sólo deslizar un dedo.

Aprender a relacionarse con La Resistencia supone una batalla constante con uno mismo. A veces somos nuestro peor enemigo. Con el tiempo suficiente serás capaz de predecir su aparición (incluso le pondrás una voz). Aunque nunca podrás silenciarla, sí que aprenderás a ignorarla.

Por si fuera poco, La Resistencia tiene una aliado igual o más insidioso: el síndrome del impostor. No es la primera vez que hablo de este fenómeno. Se trata de un sentimiento (casi certeza) que aparece cuando exploras nuevos territorios y eres consciente de lo poco que sabes.

El síndrome del impostor te hace creer que tienes la palabra “farsante” dibujada en tu frente. Te sientes señalado/a, como si un gigantesco haz de luz te apuntase directamente a ti entre la multitud, haciendo que sea imposible esconderte o pasar desapercibido/a.

Igual que con La Resistencia, nada ni nadie te librará del síndrome del impostor. Es el precio que hay que pagar por enfrentarte a tus miedos. De todas formas, no es tan mal compañero de viaje si lo comparas con la apatía y amargor que suele acompañar a aquellos que quieren que nada cambie y siempre hacen lo mismo.

El único consejo que puedo darte (basado en mi experiencia) es que lo utilices a tu favor. Deja de intentar ocultar lo que ignoras ya que esto impide cualquier crecimiento real y céntrate en aprender, en lo que sí sabes. Reconoce públicamente que eres un/a aprendiz y muestra lo que estás aprendiendo.

El síndrome del impostor ejerce su influencia porque tienes miedo de que sepan tus flaquezas. Si las reconoces y muestras tu proceso le estarás quitando su único poder sobre ti.

Comparte tus frustraciones y el inevitable tedio de aprender algo nuevo. Cuando alguien se deja ver de esa forma resulta magnético ya que todos/as ser sienten identificados y, lo que es más importante, saben que no están solos/as en el proceso.

Sólo existe en tu cabeza

No te conozco. No puedo saber quién eres. Aún así compartimos el nexo de la condición humana y eso es suficiente. Aunque ignore tus circunstancias estoy seguro de que tienes planes e ideas (quién no), pero todas ellas pasan por la necesidad de hacer algo nuevo y diferente. De hacerte visible.

Como yo, tienes miedo de hacer el ridículo. Tienes miedo de no ser suficientemente bueno/a. Tienes miedo a fracasar en tu propósito y es normal. Te entiendo perfectamente. Sin embargo gran parte de todas esas sensaciones sólo existen en tu cabeza.

De verdad, nadie te está observado.

Piensa que, sin importar lo que quieras hacer, siempre habrá alguien que sepa menos que tú y eso es suficiente para poder enseñar, así que deja de compararte con otras personas

No tienes tiempo que perder

Además, si echas la vista atrás te darás cuenta de que todo lo que has logrado y de lo que te sientes orgulloso/a estuvo fuera de tu alcance, al menos al principio.

En lugar de ceder a La Resistencia —y no sin sufrimiento— poco a poco fuiste dando los pasos necesarios para conseguir tu objetivo, fuese cual fuese, expandiendo tus habilidades.

Sé que suena cliché pero es cierto, todo aquello que merece la pena comienza estando fuera de nuestro alcance. La vida que quieres se encuentra fuera de tu zona de confort.

No dejes pasar un día más. Sabes de sobra lo que tienes que hacer. Todos esos proyectos abiertos, dominios registrados, mockups diseñados, canales sociales vacíos y libros a medio escribir son un cargo de conciencia demasiado grande.

Deja de evitar dar ese primer paso. Nadie sabe cuánto tiempo le queda en este mundo. Podrías no estar aquí mañana.

Entonces, ¿qué vas a hacer?.

Nadie te pide que cambies el mundo o encuentres una vacuna milagrosa. Sólo que mires frente al espejo, le digas “jódete” a La Resistencia y luches por el futuro que quieres.

Muestra cada etapa del viaje. Comparte lo bueno pero también lo menos bueno. Tu ejemplo puede cambiar la vida de muchas más personas de las que crees. Incluida la tuya.

Cuando pienses que nada tiene sentido o los resultados no lleguen todo lo rápido que esperabas, sigue intentando, sigue probando, toma descansos estratégicos, asume tu propia ignorancia (nunca trates de esconderla) y aprende a rectificar.

A pesar de todo e igual que el joven Giovanni, nunca abandones. Ahora ya no hay vuelta atrás.

Asúmelo, eres oficialmente un/a impostor/a.

Enhorabuena.

Referencias