El fracaso sólo existe en tu cabeza

Durante los últimos dos meses he estado enfrascado en lecturas sobre modelos mentales (estoy preparando varios artículos) y acerca de cómo damos forma a la realidad cotidiana en base a nuestra única —y limitada— perspectiva personal.

Es un tema apasionante.

Una de las primeras aplicaciones prácticas de lo que he aprendido ha sido el cambiar mi forma de entender algo temido por todos: el fracaso.

Al re-descubrirlo me he dado cuenta de que es necesario. Sí, lo has leído bien: el fracaso es necesario.

Deja que te explique el porqué.

Todos queremos crecer, realizarnos y completarnos como personas. Lograr esa realización requiere hacer algo diferente y nuevo porque es la única forma de avanzar (ya sabes, no puedes esperar un cambio si sigues haciendo lo mismo).

Sin embargo, la mayoría de personas rehuimos esa fase de exploración de nuevas opciones y sus experiencias —que al fin al cabo son las que traen el crecimiento— además del acceso a nuevas oportunidades, por miedo al fracaso.

Nadie quiere tener nada que ver con el fracaso, aunque éste es parte imprescindible del camino hacia el éxito.

Con este ligero cambio de perspectiva y mi experiencia a través de este artículo, mi deseo es que te des cuenta de que el verdadero fracaso es no intentar nada por miedo a fracasar.

El camino al éxito no es una línea recta

Si te dejas llevar por los típicos vídeos de motivación o por artículos del estilo “10 pasos para convertirte en millonario” puedes pensar que el camino que define tu avance hacia el éxito es una línea recta, fruto de una única decisión y que a partir de ahí todo funcionará en piloto automático.

Nada más lejos de la realidad.

Sólo tienes que reflexionar un poco para ser consciente de que el camino para aprender todo lo que te ha aportado valor a tu vida ha sido, en mayor o menor medida, tortuoso.

Por ejemplo, cuando aprendiste a montar en bicicleta estoy seguro de que no fue cuestión de cinco minutos, ¿verdad?. O cuando aprendiste a patinar/esquiar/leer/nadar, ¿no abandonaste ante la primera dificultad, no?.

Lo mismo ocurre con aprender a andar o hablar. Requieren una práctica, exigen cometer errores, pero éstos forman parte del aprendizaje en sí, sin ellos no se puede progresar.

Entiéndelo de una vez: a lo largo de tu vida has logrado avances increíbles gracias a fracasar constantemente. Esos fracasos pavimentan el camino hacia el éxito, forman parte de él, no te los puedes saltar.

Anticipa las complicaciones, son normales

Más allá de la propia percepción del fracaso hay otro factor muy importante: la sociedad, ya que vivimos en ella y tiene una gran influencia en el individuo.

En la sociedad actual, el fracaso —al igual que el sexo o la muerte— es un tabú.

Cuando una persona emprende y el resultado no es el esperado, se le desplaza, como si tuviera una enfermedad incurable. El fracaso se ve como un estigma del que no hay salida, así que, por lógica, nadie quiere explorar por miedo a enfrentarse a él.

Este es uno de los motivos por el que no todo el mundo emprende.

Otro factor que juega en nuestra contra es que queremos conseguir todo de forma inmediata, ahora mismo. No nos interesa el proceso para llegar a lo que anhelamos ni estamos dispuestos a pagar con esfuerzo y dedicación.

Estamos tan alejados de la cultura del esfuerzo que, cuando llega el más mínimo revés, no sabemos que hacer. La reacción normal ante el primer fracaso es huir para quitarse de la cabeza cualquier pensamiento de volver a emprender en el futuro.

Algo muy triste y que no ocurre en otros países.

La perseverancia es clave

En mi caso, todavía no he alcanzado mi mejor versión, mi idea de éxito. Aunque me queda un largo Viaje que recorrer, he aprendido que cualquiera puede conseguir lo que se proponga si es lo suficientemente constante.

Lo que intento decirte es que, hoy en día, con el acceso instantáneo a todo el conocimiento, con paciencia y trabajo duro podemos llegar hasta donde queramos.

El problema entonces no es la falta de inteligencia o de información —eso son excusas que todos utilizamos, es la falta de concentración y perseverancia lo que nos impide crecer. Es aquí donde juega un papel importante la pasión, no antes.

Seguro que conoces ese consejo tan extendido que recomienda basar todas tus acciones en la pasión. Personalmente creo que la pasión no es el indicador para comenzar algo, pero sí lo es a la hora de perseverar en lo que te hayas propuesto.

Sea lo que sea lo que te hayas propuesto emprender, más tarde o más temprano —como ya has visto— encontrarás el primer obstáculo. Aquí la pasión te dará un impulso extra para continuar tu camino.

Podría hablarte de personas muy conocidas que no tiraron la toalla ante el primer fracaso (Stephen King, J. K. Rowling, etc.), sino que los fueron acumulando y con ellos construyeron con tesón una escalera hacia el éxito.

Hoy en día tu y yo sabemos sus nombres. ¿Qué hubiera pasado si se hubiesen rendido a la primer de cambio?.

No sería interesante si todo fuera bien

Hay un paralelismo total entre tu propio camino hacia lo que tú concibas como éxito y cualquier novela o serie de ficción.

En ambos casos hay un protagonista principal, una meta con su desarrollo y, sobre todo, problemas y dificultades.

Si el protagonista llegase a su meta sin más, estaríamos ante la historia más aburrida del mundo. Nadie querría ver esa serie, de igual forma nadie leería ese libro.

Los problemas, las dificultades y el viaje personal para superarlos vende, atrae atención porque es más sencillo conectar con los problemas de otra persona para superar los propios.

Comparte el proceso

Hace nada he mencionado la palabra atención. No ha sido casual.

Las personas nos sentimos identificadas y conectamos con las historias de otras personas.

Además de anticipar los problemas que llegarán y perseverar sin descanso, te recomiendo que compartas el propio proceso, el camino: tu historia.

No sólo traerás atención hacia tí mismo, creando una audiencia (lo que debes hacer con ella es tema para otro artículo), sino que te servirá para descargar parte de la tensión de hacer algo por primera vez, saliendo de tu zona de confort.

Es más, el comprometerte públicamente —decir que vas a hacer algo— te sostendrá en los momentos más críticos, cuando creas que no vale la pena seguir y pienses en abandonar. Te lo digo por propia experiencia.

También por experiencia te recomiendo que no dejes que el miedo al ridículo —común en todas las personas— sabotee una gran oportunidad de exponerte al mundo tal como eres y narrar el proceso —tu viaje— hacia la mejor versión de tí mismo e inspirar a los demás a hacer lo mismo.

Sólo es fracaso si te rindes

Comenzaba este artículo diciéndote que he cambiado mi forma de entender el fracaso y así ha sido: ya no le tengo miedo.

No me da miedo, sino pavor, el ser un cobarde que nunca intente nada en su vida.

Cambiando la forma de ver el fracaso te darás cuenta de que todo es cuestión de perspectiva. Fracaso y éxito son relativos. ¿Relativo a qué entonces?: a rendirse. Es relativo a si has abandonado.

Nadie llamaría fracaso a los tropiezos y experiencias intermedias que forman parte del camino al éxito. Prueba y error ha sido la sencilla estrategia detrás de las invenciones más importantes de la historia. Sólo es fracaso si abandonas, ya que pierden su propósito. Sin embargo, si perseveras, esas mismas dificultades se convierten en los escalones de la escalera hacia tu meta.

Alguien, hace mucho tiempo, sintentizó mucho mejor que yo lo que he tratado de decirte en las últimas mil trescientas palabras:

En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada.
Franklin D. Roosevelt (1882-1945) Político estadounidense.

Cómo lograr la mejor versión de ti mismo

Anochece cuando llegas a casa.

Cenas frente a la TV sin prestar apenas atención a la comida. Aunque el programa que ves no te agrada demasiado, por lo menos no te hace pensar.

De hecho, últimamente sólo la TV te acalla la voz interior que te asalta al finalizar el día. Es el antídoto de la inquietud, un bálsamo para la inconformidad.

Pasadas dos horas comienzas a bostezar. Llega el momento de acostarse y finalizar oficialmente otro día más. Somnoliento, casi como un zombi, te arrastras desde el sofá al cuarto de baño y de ahí a la cama.

Los últimos atisbos de consciencia se desvanecen al tocar la almohada. Aún así, antes de quedarte dormido piensas en la apatía crónica que domina tu vida.

No es tu imperfección la que te impide ser feliz, es tu incapacidad de hacer algo al respecto lo que te machaca mentalmente.

Optimista, decides que mañana será el día en que por fin tomarás cartas en el asunto y cambiarás tu vida, de una vez por todas.

Igual que cada noche…

Ya es suficiente

La historia que has leído no está protagonizada por nadie en especial, pero estoy seguro de que hay partes en las que te habrás sentido identificado.

La voz interior que describo es la misma que te dice IDIOTA cada vez que enciendes un cigarrillo, o te hace sentir mal cuando pierdes el tiempo, tomas decisiones que sabes no te traerán nada bueno o dices SÍ a lo que no debes.

El problema es que hemos aprendido a silenciar esa voz de forma sistemática. Es más sencillo vivir así, haciéndose el sordo y ciego, continuando hacia delante sin saber muy bien a dónde ir.

Si estás leyendo esto es que quizás has dicho basta ya. Quieres ser mejor profesional, padre, hija, novia, esposo… persona.

Aunque esto signifique fracasar una y otra vez, cada vez que te levantes habrás aprendido algo nuevo y, desde luego, eso es mucho mejor que vivir adormecido.

No tienes mucho tiempo

Tienes que darte cuenta de que la sociedad en la que vivimos promueve todo tipo de distracciones. No hace falta que las nombre, tú y yo sabemos cuáles son.

Si quieres aplicar cambios en tu vida que te ayuden a mejorar, primero tienes que saber dónde aplicarlos.

Deja de prestar tanta atención hacia los eventos externos y comenzar a prestarte atención a ti mismo.

Observa y analiza tus patrones de pensamiento, sentimientos, prejuicios, y todos los procesos que gobiernan y definen quién eres. Sólo así podrás comenzar a ajustarlos.

¿Cuándo vas a comenzar a hacer algo?.

Lamento mucho decirte que no tienes mucho tiempo. Quizás creas que exagero pero créeme, no tienes tanto tiempo como piensas.

Tal y como describía al inicio de esta carta, los días, noches, semanas, meses y años pasan veloces.

De nada te servirá seguir mirando hacia otra parte. Esa voz interior no se irá. Llegará un momento que sólo podrás silenciarla con ayuda externa. Así es como funcionan las cosas, los dos conocemos casos de personas cercanas —estoy seguro.

Decide que hoy (no mañana) es el momento en que comenzarás a mover ficha con voluntad de convertirte en una mejor versión de tí mismo, y no tires la toalla. Nunca.

¿Quién eres en realidad?

Deja que sea aún más claro: la imagen que tienes de tí mismo no resistirá un análisis profundo. No eres quien crees que eres. Ni remotamente.

En mi caso siempre lo he sospechado. Sólo recientemente he podido comprobar que en realidad no soy quien creía que era.

Tu y yo vemos la realidad con las gafas que nos interesa. Esto significa que en nuestra versión de las cosas somos víctimas o héroes, eludiendo cualquier tipo de responsabilidad aunque sea inconscientemente.

Para analizar la realidad con mayor objetividad vas a tener que ser sincero contigo mismo y reconocer que no siempre eres el bueno de la película y que probablemente no eres tan especial como crees. Es duro, lo sé por experiencia.

Te serán de utilidad los comentarios sinceros de personas allegadas que quieran ayudarte. Que su perspectiva y la imagen que tienen de tí te sirva para conocerte un poco más.

Mejor aún, si tienes posibilidades, te recomiendo totalmente que busques ayuda en un profesional de la psicología. Por experiencia te aseguro que acelerará —y mucho— este proceso de descubrimiento.

Planea, ejecuta y revisa

Reconocer tus propias deficiencias es duro.

Como te decía antes, siempre buscamos esconder, ocultar y camuflar nuestras debilidades creando versiones alternativas de la realidad que únicamente existen en nuestra cabeza y que nos repetimos una y otra vez.

Sin embargo, una vez localizadas, mejorar como individuo no es muy diferente de aplicar una mejora a un programa, producto o servicio.

Si seguimos con el símil informático, lo que tendríamos que hacer es aplicar una actualización que corrija procesos que no están dando los resultados que queremos —información obtenida en la fase de análisis.

Pasado un tiempo debes revisar el resultado de tus acciones para comprobar si hay una mejoría. De lo contrario, hay que comenzar el proceso de nuevo: planifica, ejecuta y revisa.

Por ejemplo, si has detectado que parte de tu frustración profesional viene de la sensación de que te estás quedando atrás, crea un plan sencillo que te comprometa a estudiar, practicar y crear cada día. Aunque sean quince minutos.

También es posible que hayas detectado cierto grado de infelicidad crónica y, escarbando, hayas visto que, sencillamente, te sientes solo. Si te pasa como a mí, tu mismo te habrás aislado poco a poco (por razones que tienes que descubrir). Deberás volver a exponerte y buscar el contacto con otras personas, aunque te cueste.

Persona y profesional van unidos

Si comienzas a dar las primeros pasos en este viaje de análisis y aprendizaje de uno mismo, pronto serás consciente de que no hay una separación real entre persona y profesional.

Hay diferentes profesionales porque hay diferentes profesiones, pero todos tienen algo en común: son personas.

Si crees que la insatisfacción crónica o el coquetear con la depresión no te afectarán como profesional, sigue soñando.

Del mismo modo, un ambiente tóxico o estar limitado a la hora de crecer en tu entorno laboral acabará afectando cada parte y ámbito de tu vida a nivel global.

Ahora, al revés.

¿No es lógico pensar que sentirte bien contigo mismo —como persona— y con tu entorno no te dará ese impulso extra para destacar en tu trabajo?.

¿Acaso crees que el subidón de confianza en tí mismo que te da el ser reconocido y valorado por tu trabajo no te hará tratar mejor a las personas de tu entorno?.

Todo está conectado.

Entonces, ¿por qué persona y profesional se tratan de forma separada?. No lo sé, sospecho que porque es sencillamente más fácil.

Si ya es complicado mejorar como profesional, imagina tratar de combinar esfuerzos y hablar también de temas como la auto consciencia o el descubrimiento personal.

Una locura, ¿verdad?.

El Viaje

Locura o no, eso es exactamente lo que yo quiero hacer: internalizar que persona y profesional son dos caras de una misma moneda y actuar en consecuencia.

Más concretamente, es posible que me conozcas por alguno de mis artículos sobre descubrimiento personal. O quizás me sigues por alguno de mis cursos sobre desarrollo interactivo.

Aunque me encanta experimentar y hablar sobre esas dos facetas (personal y profesional), nunca lo había hecho conjuntamente, hasta ahora.

He descrito donde quiero llegar como persona y como profesional ya que —recalco de nuevo— aunque estoy convencido de que no hay una separación real, ambos caminos requieren un diseño específico.

Imagina un mapa, el mapa de tu vida. Se trata de avanzar desde donde estás ahora —tu situación actual, etapa por etapa (igual que un viaje) hasta el lugar al que quieres llegar: la vida que siempre has deseado.

Pienso recorrer mi viaje públicamente y enseñar lo que he aprendido. Esa es mi propuesta: enseñar todo lo que sé.

Me ha costado mucho exponer algo así públicamente. Estoy acostumbrado a salir controladamente de mi zona de confort, pero esto ha sido como viajar a otro planeta.

Sigo sintiéndome como un impostor por hablar de todo esto. Al fin y al cabo ¿quién soy yo para enseñar nada?. Pienso que es una locura y que a nadie le interesará.

El tiempo dará o quitará razones, pero si el itinerario de mi Viaje hace que comiences a mirar con ojos críticos hacia tu interior y a planificar tu Viaje, sin duda, habrá merecido la pena.

Cómo dejar de exigir y comenzar a aportar (I)

He escrito esta entrada inspirándome en mi intervención con el mismo nombre en OFNPodcast.
Si quieres escucharla, te dejo el enlace.


Siempre he sentido rechazo hacia el mundo del marketing. Lo reconozco.

Equivocadamente, he asociado el marketing con el engaño durante tanto tiempo que al encontrar una nueva perspectiva sobre el, ha supuesto una revelación. Hoy quiero compartirla contigo.

Este artículo está dividido en dos partes. La primera te llegará más si todavía no has comenzado a producir algo. En la segunda parte encontrarás valor sobre todo si ya has comenzado tu camino y tienes una audiencia.

Pero antes de entrar en detalles, déjame que te cuente qué circunstancias me han llevado hasta aquí.

Mi viaje

Después de todo resulta que el problema no es el marketing. El problema son algunas de las personas que viven de el.

En nuestro país hay demasiados expertos en marketing, es un hecho. Este es el colectivo que recomienda acciones y prácticas cuyos efectos sufrimos tu y yo hoy en día.

Si como en mi caso este ha sido tu único contacto con el mundo del marketing, es normal que también sientas rechazo. Todos reconocemos la mediocridad cuando la tenemos delante.

Pero a pesar de todo, déjame que te diga una cosa: Necesitas marketing.

¿Por qué te estoy hablando de marketing una y otra vez?. Porque cada vez comunicas algo lo estás utilizando, seas consciente de ello o no.

Parte 1: Deja de mirar hacia otro lado y empieza a crear

Todo lo que voy a contarte en este artículo es valido para cualquier situación —al fin y al cabo son principios humanos—, pero donde brilla en el proceso de creación de una audiencia.

¿Para qué necesitas una audiencia?, muy sencillo: Para poder desarrollarte como persona y profesional, mucho más allá de lo que tus actuales circunstancias te permitan.

La audiencia es el soporte que te sostiene y permite explorar otras opciones vitales y profesionales, acompañándote en el camino.

Estoy seguro de que alguna vez has pensado en crear. Quizás escribir un artículo, puede que grabar un vídeo o incluso desarrollar un curso.

El problema es que la mayoría dedicamos más tiempo a anular el genuino de crear y encontrar excusas para no dar el paso, que lo que supondría comenzar a exponer algo.

Como ser humano tienes un punto de vista único. Es triste que el mundo se pierda lo que tienes que decir.

Crear es un paso muy importante que te situará entre la minoría que produce el contenido que es consumido por la mayoría. Como efecto secundario, te posicionará como una autoridad en el tema que trates.

Necesitas una audiencia

Como te acabo de decir, crear una audiencia es la consecuencia automática de producir contenido (de *exponer algo) durante tiempo.

El tipo de audiencia que atraigas dependerá del tipo de contenido que crees. Un contenido más profundo y especializado sobre un nicho específico no atraerá a las mismas personas que un tema mucho más generalista que está en boca de todos.

Yendo al aspecto más humano, más allá de producir contenido (lo tangible) se trata de aportar valor a las personas a través de tu experiencia.

Aportar valor de forma consistente y sin exigir nada a cambio es el camino lento pero seguro hacia la creación de una comunidad.

Personas que tras conocerte a través de tu cómo —lo que haces— se comprometerán con tu porqué —lo que eres— y te acompañarán allá donde vayas.

Si crees que no tienes tiempo, no busques más excusas: Cualquiera puede producir algo aunque sea una vez a la semana.

Aprende a comunicar con intención

¿Conoces la frase que dice ”If you make it, they will come”?. Habría que re-formularla en ”If you make it, you NEED to market it”.

Si crees que por tu profesión o circunstancias no necesitas marketing, lo siento, estás equivocado.

Tienes que darte cuenta de que cada vez que comunicas estás vendiendo la versión de la realidad y de ti mismo que quieres proyectar.

La versión que te interesa.

La versión en la que el aumento de sueldo que has pedido es lógico y coherente. La versión en la que eres el mejor candidato del proceso de selección o la versión en la que “es mejor quedarse en casa esta noche y ver Netflix”.

Es algo que no puedes evitar, pero si controlar a voluntad.

La clave es aprender a hacerlo conscientemente, con intención y propósito, desarrollando sin duda una habilidad que puede traer un enorme valor a tu vida.

Empieza aquí y ahora

He tratado de eliminar las dos típicas objeciones que todos tenemos a la hora de crear: Pensar que no tienes nada nuevo que decir y creer que no tienes tiempo.

Ahora ya sabes que tu voz es única porque eres un ser humano único. También sabes de que cualquiera puede crear algo aunque sea una vez a la semana.

Lo que ahora necesitas es un compromiso. Primer contigo. Luego conmigo. Quiero que te comprometas y aceptes el reto de escribir durante al menos quince minutos, como primera acción del día.

Escribir es el inicio de todo. Tanto si vas a grabar podcast, producir vídeos o escribir novelas: Todo comienza con escribir.

Si aún así no te convence mi argumento. Voy a ayudarte eliminando las excusas más típicas:

  • Si no tienes tiempo, adelanta el despertador veinte minutos.
  • Si tienes mucho sueño, acuéstate veinte minutos antes.
  • Si no sabes de qué escribir, escribe sobre no saber de qué escribir.
  • Si te quedas en blanco, escribe lo que estás pensando.
  • Si no sabes que App utilizar, usa el bloc de notas nativo de tu sistema operativo.

No tengas ninguna pretensión. No tengas ningún objetivo a cumplir o expectativa de resultado.

Escribe para saber sobre lo que quieres escribir.

Únicamente escribe quince minutos durante treinta días seguidos y, al final, cuéntame qué ha ocurrido. En serio, quiero que te sientes a escribir durante un mes y luego me cuentes tu experiencia.

Aunque ahora no te lo creas. Si lo haces tu vida cambiará para siempre y se abrirán una serie de oportunidades que ahora ni sospechas. Te lo digo por experiencia.

Olvídate de los números

Espero que hayas aceptado el reto y estés decidido a crear comenzando desde desde mañana por la mañana.

Puede que por ahora no, pero a medida que desarrolles el hábito de escribir, publiques tus creaciones y te vaya costando menos el ponerte cada mañana a teclear, irás prestando más atención a otros factores. Principalmente los números.

¿Quién lee lo que escribo?. ¿Cuántos comentarios tengo?. ¿A alguien le gusta mi artículo?. Todas son preguntas legítimas. El problema es que tienen el poder de distraerte, obsesionarte y en el peor de los casos frustrarte.

En en el proceso de creación, el indicador más importante es el feedback que recibes. No lo olvides.

Los números, likes, shares, retuits, visitas o suscriptores sólo valen para obsesionarte. Son entidades vacías, sin valor alguno por si solas.

Las preguntas deberían ser: ¿Alguien contesta tu newsletter?. ¿Alguien comenta tu contenido —sea del tipo que sea— para darte las gracias?. ¿Notas que has impactado en la vida de personas positivamente?.

Si es así, enhorabuena, vas por el buen camino. Ahora tienes que seguir haciendo lo mismo de forma aún más consistente.

Cuando lo que creas nace del deseo de querer expresar o compartir tu experiencia y reflexión para ayudar, sin más, sin esperar nada a cambio, eso se nota. Llega. Se transmite.

Ese sentimiento humano de conexión es más valioso que cualquier sistema de conversión o estrategia de captación.

¿Quiere esto decir que no hay que tener en cuenta los temas candentes o lo que la gente habla?. No, para nada. Puedes hablar de lo que quieras y, si además ese tema es algo que está en boca de todos en ese momento pero es relevante, mejor para ti.

Lo que tienes que hacer —repito— es aportar valor sin preguntar nada a cambio —por ahora— de forma consistente. Si te comprometes a publicar cada semana, tienes que hacerlo. Si te comprometes cada día, tienes que hacerlo.

Usa las matemáticas y haz los cálculos. Si publicas una entrada en tu blog cada viernes, al cabo de un año habrás publicado casi cincuenta entradas. Además de haber creado una audiencia en el camino y aprendido muchísimo de ella, ¿crees que ese track record pasará inadvertido para siempre?. Quizás en la época pre-Internet, pero no ahora.

Sólo tiene que encontrar tu contenido la persona correcta. Una es suficiente. Es la que te abrirá las puertas de una siguiente fase; todavía no sabes cual es pero si construyes y creas consistentemente al final las piezas del puzzle se unirán. Te lo digo por experiencia.

Conclusión

No importa que no lo entiendas o que no te guste: Necesitas utilizar el marketing a tu favor. Más concretamente el marketing relacional, que es de lo que —muy a mi manera— te he estado hablando.

Crea algo que aporte valor de forma consistente, preocúpate genuinamente de ayudar a los demás y antes de que te des cuenta tendrás un grupo de personas que querrán más de ti y que te seguirán donde vayas.

Tu audiencia te permitirá crecer, explorar y llegar a donde quieras llegar, pero tienes que aprender a comunicar con intención.

Olvídate de las excusas, de monetizar y de los números. Ahora lo único que debe interesarte es comenzar, dar rienda suelta a tu creatividad, para ello te propongo que durante treinta días dediques quince minutos a escribir.

Lo más importante: Deja de buscar excusas y empieza a crear cosas.

Cómo salir de la mediocridad con “The 10X Rule”

Leer “The 10X Rule” ha sido toda una experiencia. Me ha impactado tanto lo que el libro comunica y he percibido tantos beneficios potenciales en aplicar lo que en él se explica, que he decidido compartir mi opinión contigo.

Eso sí, “The 10X Rule” no es un libro para cualquiera.

Aplicar los principios que Grant Cardone describe en las páginas del libro no es algo sencillo porque require diez veces más entrega, diez veces más compromiso y diez veces más acción de la que generalmente estarías dispuesto a realizar.

En esencia, requiere que te obsesiones con tus objetivos, pero, para hacerlo, hay que derribar muchos tabúes y combatir los prejuicios que todos tenemos en mayor o menor medida.

Soy consciente de que el énfasis, la vehemencia y la personalidad arrolladora del autor del libro pueden hacer que creas que es otro charlatán más con otro libro absurdo de auto-ayuda. Dale una oportunidad, no lo es.

Si te preocupas por buscar la esencia del libro, abres tu mente para encontrar las partes realmente valiosas y eres sincero contigo mismo/a, puedes extraer lecciones muy positivas que te permitirán tomar decisiones que pueden, potencialmente, cambiar tu vida.

Lo que vas a leer a continuación es mi síntesis del libro. Ni por asomo he cubierto todo el contenido. Esto es, sencillamente, lo que ha resonado conmigo. Te puede servir —de hecho espero que así sea— pero lo realmente importante es que te hagas con una copia y lo devores sin descanso. Como anécdota, yo lo leí en menos de una semana.

Multiplica por 10 y es posible que te acerques

Una de las claves del libro y parte de la razón de ser de “The 10X Rule” como tal es que, por regla general, sobrestimamos nuestras capacidades o, dicho de otra forma, infravaloramos lo que nos costará en tiempo y esfuerzo llegar a cualquier meta u objetivo.

La primera consecuencia de actuar de esta manera es que, pasado un tiempo determinado, la motivación desaparece y con ella, el propósito de hacer el camino que lleva al objetivo que te hayas marcado.

Mentalmente hablando, es muy sencillo encontrar excusas que te hagan sentir mejor mientras abandonas, todos lo hacemos: quizás no es el mejor momento, prefiero centrarme en mi trabajo, más adelante encontraré la forma de sacar tiempo, en verdad no era tan importante, etc.

Esta es la razón principal por la que los gimnasios se llenan al comenzar el año y millones de listas con nuevos propósitos son escritas cada diciembre, pero como la mayoría de personas no somos conscientes de lo que conlleva hacer realidad nuestro propósito, abandonamos tarde o temprano.

Tienes que entender que es imposible saber lo que conlleva física y mentalmente llegar al siguiente nivel en lo que te propongas, porque sencillamente no estás ahí todavía.

Multiplicar por 10 las acciones, esfuerzos y dedicación, se plantea entonces como el único camino seguro para arrasar y dominar en lo que te propongas, lo que nos lleva al siguiente punto.

No es trabajo, es tu obsesión

Tus objetivos o metas (si te has preocupado de definirlos) probablemente sean poco ambiciosos porque están definidos en el marco de lo razonable, lógico y cotidiano.

“The 10X Rule” propone que te tomes tu tiempo para averiguar tu porqué y entonces designar un objetivo o meta tan masivo, enorme y brutalmente grande que parezca irreal e incluso ridículo. Sólo así tendrás la motivación suficiente para persistir en su persecución.

Si te has tomado tu tiempo y has reflexionado, tu meta y objetivo estará íntimamente alineado con tu porqué y en muchas ocasiones las acciones que tengas que realizar para llegar a él no las sentirás como trabajo porque forma parte de ti mismo/a.

Excluyendo a las personas que realmente tienen un problema médico-patológico con el trabajo, esta reflexión abre un nuevo punto de vista sobre el grupo de profesionales a los que la sociedad llama workaholics.

Así pues, “The 10X Rule” enseña que debes normalizar lo que piensas que es grande, debes aumentar tus miras ya que si esperas resultados masivos, tus pensamientos, acciones y esfuerzos deben ser también masivos. No puedes esperar cambiar haciendo, pensando y siendo el mismo/a.

Cuando te atrevas a desafiar lo aceptable y razonable al proponerte una meta masiva y te comprometas a multiplicar tus acciones, comenzarás a desglosar mentalmente los pasos necesarios para alcanzarla, te proyectarás y visualizarás habiendo conquistado tu objetivo.

Estarás creando y alimentando tu obsesión.

No te rindas. No abandones. Haz más aún

Ni tu ni yo somos máquinas o personas con energía infinita, eso está claro.

Más tarde o más temprano llegará el momento en que sientas que estás a medio gas y que has perdido las ganas. No te dejes llevar por ese sentimiento ni caigas en la apatía ya que es la enemiga de cualquier cambio.

El consejo normal, razonable y realista en estos casos sería decirte que es posible que estés intentando llegar demasiado lejos y que te estás perjudicando a ti mismo/a por perseguir un imposible. Sin embargo sería una excusa disfrazada de consejo.

Lo que tienes que hacer es un pequeño retiro para reflexionar, recargar energía y volver a la carga con aún más acciones, más esfuerzo, más dedicación y una renovada obsesión por dominar y triunfar en lo que te hayas propuesto.

No uses lo razonable como excusa. Nunca reduzcas un objetivo o meta a una versión parecida y aceptable pero más “realista”.

Si no luchas por tus objetivos, serás utilizado/a para objetivos ajenos

No importa el tipo de artículo o el tema sobre el que esté escribiendo. Si repasas mis entradas verás que siempre hago hincapié en lo importante que es tener metas y objetivos para hacer de ellos la piedra angular de todos tus esfuerzos.

Es algo así como saber dónde está el destino final, aunque no sepas lo que te costará llegar a él, como un faro en la noche: sabes hacia dónde tienes que encaminar tus pasos, aunque no tengas claro cuántos pasos tendrás que recorrer.

El camino —que no conoces— puede ser duro, pero anima mucho ver donde está el final.

Al hilo de las metas y sueños, quiero poner una cita textual del libro “The 10X Rule”:

“Mientras estés vivo/a, vivirás para, o bien cumplir tus propios objetivos y sueños o ser utilizado como recurso para cumplir los de los demás. Si no te centras en tus metas, pasarás tu vida consiguiendo objetivos para otras personas -específicamente aquellos que sí luchan por sus metas”.

Puedes mirar a otra parte, puedes creer que a ti no te hace falta o que no te afecta, puedes aferrarte a la falsa seguridad de la ilusión del trabajo estable. Da igual.

Si no tienes un propósito y una agenda, seguirás la agenda de otro para cumplir sus objetivos. Formarás parte de la correa de transmisión para conseguir metas ajenas y de nada importa que no seas consciente de ello.

Debes salir de la cultura del miedo

Otro de los aspectos más destacados del libro “The 10X Rule” y que se repite en muchas ocasiones, es la necesidad de dejar de temer el miedo.

Grant Cardone afirma que el miedo es un buen indicador de que estamos realizando las acciones y tomando las decisiones correctas para crecer y dominar.

Si multiplicas tus acciones y esfuerzos, más pronto que tarde estarás explorando nuevos caminos y territorios y, por lógica, sentirás ansiedad ante lo desconocido. Muchas personas se paran aquí y dan media vuelta. Tú tienes que continuar expandiendo tu zona de confort y seguir hacia delante.

Las personas que formamos la “clase media” siempre hemos sido sometidas a esta cultura del miedo. Hacer siempre lo razonable, no intentar extra-limitarte, no abarcar demasiado, ser realista.

Si te fijas bien, este principio o forma de pensar es extremadamente limitante. Llegarás hasta lo razonable porque mentalmente es hasta ahí donde te permitirás llegar. Además, es una gran excusa lista para utilizar en cualquier momento de flaqueza y justificar así tu propia mediocridad.

Debes de decir ¡basta ya!. Tu y yo tenemos que desterrar definitivamente esta forma de pensar para poder multiplicar las acciones que nos llevarán a cumplir nuestras metas y objetivos.

Así que, quédate con esto: el miedo es un buen indicador de que estás ampliando tus horizontes. Es la prueba fehaciente de que lo estás haciendo bien.

Dominar en lugar de competir

Sin embargo, una de las ideas que más me han impactado del libro “The 10X Rule” es la obsesión de su autor por dominar cualquier terreno en donde participe.

Dice, casi textualmente, que competir ”es de nenazas” y que si sales con esa mentalidad al campo de juego, ya has perdido. No comparto del todo esta afirmación, pero también es cierto que —como hemos visto antes— muchas veces limitamos el resultado de nuestras acciones con pensamientos auto-limitantes.

La propuesta del libro es tener siempre el objetivo de dominar aquello en lo que participes. Hacer lo que nadie hace, vencer cualquier miedo y llegar hasta donde haga falta con tal de ser la referencia, aquel en el que todos se fijan y que acapara toda la atención.

La manera de hacerlo, una vez más, comienza con un cambio de mentalidad, desterrando lo razonable y abrazando el miedo que supone multiplicar tus acciones y exponerte a la incomodidad de hacer algo por primera vez.

¿Nunca te has preguntado qué pasaría si pensaras que no tienes límite?. Estoy seguro de que desde ahora serás consciente de que el ámbito, alcance y resultado de muchos proyectos están saboteados por la mentalidad de las personas que los desarrollan.

Conclusión: Que le jodan al “work-life balance”.

Definir una conclusión para esta entrada tras leer “The 10X Rule” es complicado.

Por un lado siento que lo que dice el libro, en esencia, es verdad. Lo sé porque poner en práctica lo que enseña Grant Cardone, cumple con los dos factores que en mi experiencia separan la basura de lo genuino, revelador y potencialmente beneficioso:

  1. Es duro.
  2. Es simple.

Por otro lado, tengo activo el lavado de cerebro al que todos hemos sido sometido. Tengo miedo de comprometerme a hacer 10 veces más y no ser capaz. Tengo miedo a hacer el ridículo. Tengo miedo de exponerme y que tú pienses que soy un fraude. Tengo miedo de equivocarme. Tengo miedo de fracasar.

Sin embargo, no hace falta que un libro te recuerde que debes expandir tu zona de confort y aceptar el cambio, la ansiedad y la incomodidad de lo nuevo. No necesitas que yo te diga que no llegarás a donde quieres llegar con acciones estándar, razonables y lógicas. Todo esto ya lo sabías antes de comenzar a leer el artículo.

No derroches tu vida persiguiendo los objetivos de otra persona.

Acepta el miedo, multiplica por 10 lo que consideres razonable y comienza a dar los pasos para salir de la mediocridad. Es lo único que te separa de la vida que quieres y te mereces.

Cómo sobrevivir y recuperarte del “burnout”

Este no es el artículo que tenía pensado para esta semana. Tal y como comenté el lunes, mi idea era crear una entrada con mi opinión tras leer el libro “The 10X Rule”. Sin embargo, he sido víctima de las circunstancias y éstas me han llevado por otro camino.

Esta semana que acaba ha sido nefasta en cuanto a productividad. La parte positiva es que he aprendido un poco más de mí y de mis procesos internos. He sido algo más consciente de lo que debo y no debo hacer.

En esta entrada te voy a contar cuáles son los pasos que sigo cuando me enfrento a esta situación —sí, me ha ocurrido más veces y sí, también te ocurrirá a ti— para salir de ella.

Poniendo por escrito esta reflexión, lo único que espero es que tú puedas extraer algo positivo y de valor de mi experiencia.

Burnout

La explicación breve de lo que me ha ocurrido se llama burnout, es decir, que me he quemado.

En mi caso, me ocurre cuando no descanso lo suficiente cada día y cuando no establezco una pausa, es decir, uno o varios días en los que premeditadamente me dedico a cualquier otra actividad que no tenga que ver con lo que generalmente hago.

Por motivos que no vienen al caso, pero que son de fuerza mayor, hace más de un año que no tengo vacaciones, tal y como tú las conoces.

Por otro lado, esas mismas circunstancias me obligan a tener que repetir las mismas acciones cada día, fines de semana incluidos.

El resultado es que realmente no hay una desconexión ni un descanso. Aunque soy un gran fan de las rutinas, en este caso la situación me ha ahogado y podido conmigo.

Esta semana, sencillamente, he llegado al límite y me he desmoronado.

Si te ha pasado o te está pasando lo mismo, te preguntarás qué puedes hacer para salir de esta situación. Lo he resumido en cuatro sencillos pasos, que a continuación te expongo:

1- Reflexionar

Hay algunos síntomas que indican que estás próximo al burnout. En mi caso, los más aparentes son:

  • Insomnio.
  • Fatiga.
  • Apatía.
  • Ganas de llorar.

Lo importante en este punto es ser racional y darse cuenta de lo que está ocurriendo. Cuando estás metido en la acción de cada día es muy fácil que estos síntomas pasen desapercibidos hasta que quizás es demasiado tarde.

Mi primer paso es reflexionar sobre qué es lo que ha ocurrido y cuáles son los motivos que me han llevado a esta situación.

No puedes comenzar a pensar en la solución de un problema del que no eres consciente.

Si dedicas un tiempo a mirar atrás para tratar de atar cabos, al final acabarás con una explicación de los sucesos, acciones o situaciones que te han llevado a este punto de “no poder más”.

Aunque es esencial que indagues y hagas una retrospección, en la mayoría de ocasiones verás que todo gira en torno a un desequilibrio: tus acciones no están equilibradas con un descanso acorde.

Con esta información vital, es hora de aplicar diferentes soluciones. Éstas, en el 99% de los casos pasan por simplificar y eliminar lo superfluo, lo que añade ruido pero no valor.

2- Simplifica

Soy una persona obsesionada con los métodos y procedimientos. Puedo estar horas y horas diseñando una estrategia para realizar cualquier acción. Medito cada paso, lo pongo por escrito y lo voy perfeccionando paulatinamente.

Aunque soy consciente de que en realidad se trata de algo así como de una ¿procrastinación productiva? y que añade una resistencia interna a la ACCIÓN, el mayor problema que supone el estar siempre cambiando y ajustando es que complica mucho todo lo que hago.

Tener planes, estrategias y métodos está bien. Tener que consultar un método antes de hacer cualquier cosa y encima cambiarlo constantemente es contraproducente, genera ansiedad, estrés y acaba por quemarte.

Así que ya sabes. Busca lo esencial y elimina lo que estorbe, no te aporte valor y encima te provoque estrés y ansiedad (pro tip: esto se aplica igualmente a las personas).

3- Haz

Por experiencia sé que cuando te encuentras tan mal, es muy tentador pensar que lo mejor será no hacer nada hasta que te recuperes. ¿Tiene sentido, no?.

Por favor, no caigas en este error, por mucho que lo recubras con lógica, sabes lo que realmente es: una excusa.

Ahora bien, quizás tampoco sea buena idea —definitivamente no lo es— el continuar como si nada estuviera ocurriendo.

Mi consejo, y lo que a mi me funciona, es realizar una versión adaptada del hábito o acción para no romper la cadena.

Aplicado a ejemplos personales de este burnout:

  • Esta semana no fui capaz de ir al gimnasio a las 7AM, como de costumbre, pero al menos he ido, aunque sea a otras horas.
  • No he sido capaz de escribir mis 500 palabras diarias, pero al menos he mantenido el hábito escribiendo un poco cada día.
  • No he sido capaz de meditar todos los días, pero al menos he buscado momentos de tranquilidad y reflexión.
  • No he avanzado con mis proyectos todo lo que hubiera querido y tenía planeado, pero al menos he tachado una tarea cada día.

Estoy seguro de que con estos ejemplos captas la idea central:

No te dejes llevar por tu estado de ánimo actual, éste pasará. Lo verdaderamente devastador será si, cuando te recuperes anímicamente, hayas perdido tu rutina, tu momentum.

4- Descansa

Por último, pero no menos importante, debes descansar. No olvides que parte de lo que te ha llevado a esta situación es el creer que eres invulnerable y que puedes con todo.

Cuando hablo de descanso no me refiero a pasar un fin de semana o unos días de descanso sin más. Debes de buscar actividades complementarias y que no tengan nada que ver con tus acciones normales.

Si tienes hobbies u otros intereses: este es el momento de perseguirlos.

Durante estos días será tentador mirar el correo-e o seguir pensando en tus proyectos, planes y ambiciones profesionales, pero no debes de hacerlo. Tu salud física y mental va en ello.

En mi experiencia, lo que mejor me funciona es un cambio de entorno. Si tienes un chalet o apartamento o posibilidad de pasar unos días fuera, sería la ocasión perfecta.

Además, debes diseñar y planificar estos días con todo mimo y detalle pero con espacio para la improvisación, buscando la experiencia antes que lo material.

La clave está en darle a tu mente un respiro de lo cotidiano.

Conclusión: No has fracasado si no abandonas

Tengo una buena noticia y una mala. La buena es que el burnout es un claro indicador de que estás haciendo algo, de que estás progresando. El exigir de ti mismo/a constantemente te expone a este tipo de problemas. Es normal.

La mala noticia es que esto volverá a pasar. La clave está en que cada vez sean nuevos problemas y circunstancias diferentes los que lo generen, ya que si lo piensas, ahora te ríes de lo que antes te provocaba estrés y ansiedad.

Lo que debes entender es que no hay progreso sin fricción. No hay beneficio sin sufrimiento. No hay un atajo al desarrollo personal y profesional. Hay subidas y bajadas, es duro, sí, pero merece la pena.

Así que, quizás, estar expuesto/a y sufrir el burnout no es tan mala noticia, al fin y al cabo; podría ser mucho peor una vida de inacción, apatía y cobardía del que no intenta nada por miedo al fracaso.

Un miedo del todo absurdo, porque tu y yo ahora sabemos que no es un fracaso si no abandonas.

Cómo encontrar tu identidad a través de la escritura

Desde pequeño siempre me ha parecido fascinante la capacidad de algunas personas a la hora de sentarse frente a una pantalla en blanco y sencillamente volcar sus pensamientos en ella para, como un molde de arcilla, ir dándole forma hasta crear un artículo estructurado.

Muchas veces me siento insignificante tras leer a algunos autores/as. Pienso que no tengo nada que decir y aportar o que mi vida no es tan interesante. Si alguna vez te has planteado escribir, estoy seguro de tu también te has sentido así.

Sin embargo, un buen día decides que este es el momento e intentas escribir algo. Las palabras van surgiendo y cayendo sobre la pantalla. Oraciones, párrafos y epígrafes, van dando forma a lo que tienes que decir, exponiendo una pequeña parte de ti.

Aunque más tarde probablemente abomines de lo que has escrito, en ese momento te sientes orgulloso, sientes que hay algo de magia en lo que acaba de ocurrir.

A pesar de que no hay conejos ni chisteras, sí que hay algo de mágico en lo que acaba de ocurrir. Ya no formas parte del 99% de la humanidad: los que consumen. Ahora formas parte del 1%: los que crean lo que otros consumen.

En este artículo te contaré mi experiencia comenzando a escribir y cómo he conseguido formar el hábito de hacerlo cada día. También te daré consejos sobre qué hacer —y qué no hacer— para mantener ese hábito en el tiempo.

Antes, eso sí, es necesario que entiendas por qué es esencial que escribas.

Todo comienza con escribir

Mi hábito de escribir todos los días (y muchos de los conceptos que aquí expongo) se lo debo a Sean McCAbe y a su motto It all starts with writing. Piénsalo: ¿qué tienen en común cada anuncio de TV, cuña de radio, cartel publicitario, película, serie y libro que has consumido?.

Todos comenzaron con la escritura.

Alguien transmitió sus pensamientos a un lienzo digital para luego ser transformados en el guión de una película o en el primer borrador de una novela. Escribir es así de poderoso.

Como te decía al inicio, dominar este poder te sitúa entre el pequeño porcentaje de personas que, además de consumir, crean.

Las personas que crean de una forma sostenida en el tiempo —consistentemente— son las que obtienen mejor resultado. Su mensaje llegará a muchísimas personas y se convertirá en una referencia, influenciando la opinión y decisiones de otras personas. ¿Te suena el nombre de influencers?.

Si escribir es algo tan importante y poderoso, ¿por qué hay muchas más personas que consumen respecto a las que crean?.

Los mitos sobre escribir

Para entender por qué no has comenzado a escribir de forma sistemática, antes hay que eliminar algunos mitos y equivocaciones sobre lo que conlleva escribir en sí. Seguro que te sientes identificado/a:

Crees que no tienes nada que decir

Uno de los principales problemas a la hora de comenzar a escribir es no saber de qué escribir. Puedes estar —literalmente— media hora frente a la página en blanco y seguir sin saber por dónde comenzar.

Tienes que entender que debes comenzar a escribir para saber de qué escribir.

De la misma forma que no puedes maniobrar un coche que no se encuentra en movimiento, no puedes saber que quieres escribir si no comienzas literalmente a volcar lo que tengas en tu cabeza sobre la página.

Una vez que comprendas esto, parte del estrés que genera enfrentarse a la incógnita sobre qué escribir, se desvanece.

Si no tienes ningún tema pensado, comienza escribiendo algunas ideas o pensamientos sobre el documento en forma de epígrafes, según te vayan viniendo a la cabeza.

Luego, puedes desarrollar cada uno de esos puntos, ir añadiendo contexto y unir las ideas principales. Antes de que te des cuenta tendrás listo un primer borrador de un artículo.

Comenzar es la parte más dura, pero una vez hayas empezado las palabras vendrán constantemente a tí.

Crees que no te gusta escribir

Si te has enfrentado a la página en blanco alguna vez y no te ha gustado la experiencia, quizás el problema es que no has probado durante suficiente tiempo.

La mayoría de actividades que disfrutas ahora tardaron cierto tiempo en formarse como un hábito y pasar a tu subconsciente.

Como cualquier hábito en formación, debes buscar un momento en el día apropiado para realizarlo y, en la medida de lo posible, asociarlo a otro hábito o acción que ya forme parte de tu rutina (cue).

Desde ese momento, sé honesto/a y date la libertad de probar durante varios días para ver si encaja con tu forma de ser y lo disfrutas. Estoy seguro de que será así.

Crees que no tienes nada original que decir

Todos tenemos inquietudes, pensamientos, ideas y opiniones. Tú también. El caso es que muchas veces te infravaloras y piensas que tus ideas no merecen la pena y que a nadie le va a interesar tu vida interior. Error.

Tu forma de ver el universo, tu voz y tu mensaje es único porque tu cerebro y personalidad son únicas y 100% originales.

Por ello, nunca dudes que siempre habrá otras personas a las que les llegue y resuene lo que tengas que decir y lo que quieras comunicar.

Somos millones de seres humanos en este planeta. Tu experiencia, tu voz y tu mensaje pueden ayudar a alguien que esté pasando por lo que tú has pasado ya.

En cuanto a qué es original y qué no lo es: no te preocupes si sientes que inconscientemente estás imitando el estilo de alguien. Todos imitamos en mayor o menor medida, sobre todo en los comienzos. Que eso no suponga una excusa para dejar de crear.

Crees que no tienes tiempo para escribir

Ahora, sabiendo que debes comenzar a escribir para averiguar de qué escribir y que tu voz es única, es posible que la excusa de la falta de tiempo venga a tu cabeza. Vamos a desterrarla.

Si te fijas, la mayoría de nuestras acciones forman parte de un ciclo semanal. Por ejemplo: salir a correr los miércoles y jueves, hacer la compra el viernes, salir a cenar el sábado, etc.

De igual forma, también estamos acostumbrados a consumir información en dosis semanales. Por ejemplo: tu serie favorita los lunes, tu programa favorito los miércoles, tu podcast favorito los domingos, etc.

Todos podemos crear algo una vez a la semana.

Si consigues introducirte en el ciclo semanal de las personas formarás parte de su rutina, es decir, de las acciones que realizan inconscientemente. Llegará el día de la semana en el que tú publicas tus artículos y, sin pensarlo, buscarán y consumirán el contenido. Imagina lo poderoso que es eso.

Crees que tu estilo, tono y voz no gustará a nadie

Cuando comiences a escribir es muy posible que dediques más tiempo a ajustar que a escribir las palabras en sí. Si mientras escribes prestas más atención al cómo que al qué, estarás torpedeando la parte creativa del acto de escribir.

En mi pequeña experiencia, te recomiendo que no mezcles la fase de edición con la fase de creación. Dicho de otra forma: hasta que no tengas una cantidad de texto aceptable volcado en la pantalla, ni te preocupes de elegir la mejor combinación de palabras ni trates de ajustar los párrafos.

La fases de creación y de edición son diferentes e incompatibles. Debes editar después, no mientras escribes.

Muchas App de escritura (por ejemplo la que estoy usando ahora mismo: iA Writer) tienen un focus mode para escribir. Una vez en este modo la aplicación centra tu atención en el párrafo que estás escribiendo haciendo borroso u ocultando el resto de contenido de la página. Te recomiendo que lo pruebes.

Cómo escribir todos los días

Llegados a este punto te voy a recomendar un sencillo plan para que comiences a escribir cada día.

Como primer consejo quiero recordarte que escribir es un hábito clave que hace muy bien de catalizador de otros hábitos, por ejemplo: levantarse temprano o meditar.

En mi caso personal, uno el amanecer muy temprano con escribir como primera acción de la mañana (tras el café, obviamente).

Independientemente, este es el sencillo plan de seis pasos para crear y mantener el hábito de escribir todos los días:

  1. Escribe 5 temas sobre los que te gustaría hablar o sobre los que tienes una experiencia que te gustaría contar. Date el tiempo suficiente para pensarlos.
  2. El próximo lunes, elige uno de los temas, el que más te llame la atención. No inviertas demasiado tiempo eligiendo, ahora mismo lo más importante es comenzar.
  3. Desde ese lunes y hasta el jueves, dedica al menos media hora a escribir sobre ese tema. Escribe, vuelca y traslada cualquier pensamiento sobre el tema a tu hoja en blanco. No intentes editar —es una fase posterior—, ahora mismo lo único que debes de hacer es anotar tus pensamientos tal como vienen.
  4. El viernes, cuando abras tu editor de texto, te encontrarás con un montón de párrafos que representan ideas y pensamientos, pero que te parecerán inconexos. Ahora es el momento de conectarlos mediante la edición. Lee lo que has escrito, une las piezas del puzzle y dale forma de artículo. No te olvides de chequear la ortografía.
  5. Ve a cualquier plataforma de bloging gratuita (Medium, WordPress.org, etc) y crea tu espacio (lo puedes hacer en menos de 5 minutos. Si necesitas ayuda avísame.). No pierdas tiempo eligiendo el tema de tu blog ni buscando la imagen perfecta para tu artículo. Lo importante es el contenido no los enlaces sociales ni la imagen destacada.
  6. Publica tu artículo y, sin miedo, compártelo en tu red social favorita. Haz que los demás sean conscientes de que has decidido comenzar a escribir.
  7. Repite los pasos 1 al 6 cada semana. Ya está, has dado los primeros pasos y has escrito tu primer artículo. Enhorabuena.

Consejos

  • En mi experiencia, lo que me ha funcionado mejor es escribir como primera acción en la mañana. Quizás tengas que levantarte unos minutos antes, pero merece la pena.
  • Si buscas un objetivo en cuanto a cantidad de palabras, ya sabes que lo importante es la calidad no la cantidad. Si sigues queriendo una cifra, como estás comenzando, apunta a 500 palabras al día.
  • Si recibes críticas negativas o burlas por lo que escribes, aprende a no reaccionar con ninguna emoción negativa. Acepta las críticas constructivas agradeciendo su ayuda a la persona que las emite. En cuanto a las críticas negativas: sé condescendiente y no entres al trapo. Responde educadamente y verás como la situación no pasa de ahí.

Conclusión: No es sólo escribir

Desde luego, no paso de escritor amateur en el mejor de los casos. Tampoco es que lleve muchos años escribiendo. Aún así sería un necio si no reconociese los beneficios que me aporta el hábito de comenzar el día creando, proyectando y exponiendo, en lugar de consumiendo.

Más allá de recibir atención, mejorar mi concentración y ayudarme a encontrar mi voz y mensaje, con cada palabra que escribo y cada pensamiento que transformo en una oración, descubro un poco más de mí.

Con cada idea transformada en artículo me vuelvo un poco más consciente de mis pensamientos y mis limitaciones. También de lo que es importante de verdad en mi vida.

En realidad, escribo para saber lo que soy y lo que quiero ser.

Mi consejo: empieza a escribir ya mismo. Escribe para saber quién eres y qué quieres.

Deja que los demás conozcamos tu visión del mundo, tus inquietudes y tus valiosas y únicas experiencias. Así, encontrarás tu propia identidad a través de la escritura.

Primer episodio del podcast OVERDO

OVERDO es el nombre del podcast que comienzo hoy.

En cada episodio: un pensamiento, reflexión o comentario, no sólo sobre Desarrollo Web o App, sino sobre cualquier tema.

Todavía estoy esperando que Apple valide el podcast, pero ya lo añadido también en Ivoox

Cómo dejar de fingir y comenzar a vivir

En un instante de lucidez se dio cuenta de que, cada vez que se encontraba con un momento libre, tenía que llenar esos minutos con su smartphone viviendo la vida de otros a través de una ventana virtual. Estando presente pero sin estarlo. Siguiendo notificaciones, estados y mensajes.

Terrible y patético a partes iguales.

Tras esta revelación y reconociendo su propia necedad, decidió que no quería seguir siendo un esclavo. Por primera vez vio con otros ojos todos esos post e imágenes de sus conocidos. De repente, lo glamuroso se transformó en grotesco. Era como si todos usasen máscaras y disfraces, poses y gestos exagerados.

Todo era artificial.

Todo era mentira.

Desde aquel momento y en la mayoría de las ocasiones, la envidia y otros sentimientos a los que ya estaba acostumbrado, dejaron paso a la vergüenza ajena.

Este artículo comienza con una historia en tercera persona que podría haber contado perfectamente en primera. Sin embargo lo he hecho para que te sientas identificado y así mi experiencia resuene más contigo.

En un mundo completamente —y afortunadamente— dominado por la tecnología, donde cada persona lleva consigo un gadget o dispositivo que le permite conectarse y consumir información al instante, es sencillo pensar que debas estar siempre conectado. Sin embargo, no lo es.

Aunque parece una idea genial, estar en contacto con tus seres queridos y amigos, en muchas ocasiones se convierte en una vorágine de falsas apariencias, hedonismo, narcisismo y un afán demostrativo constante. Lo peor de todo es que tú y yo consumimos esa información para acabar haciendo lo mismo. Es un bucle sin fin.

Desde el momento de la revelación descrita al comienzo, he ido incorporando medidas y tomando decisiones en mi vida que me han permitido salir de ese bucle. Si tú también quieres salir y recuperar tu independencia, en esta entrada compartiré esas claves contigo, pero antes necesito exponer mis motivos.

Las reglas del juego.

Cuando prestamos atención a la vida de los demás, descuidamos nuestra propia vida, afectando nuestro desarrollo presente y futuro. No es demasiado diferente a mirar a través de una cerradura o espiar por un agujero en la pared.

Dime si esto te suena: ves un comentario, haces tap/click en el usuario, accedes a sus fotos y a partir de ahí te das el festín revisando su vida. Observas, criticas y juzgas. Sólo o en compañía. Cuando ya has tenido suficiente, puedes volver a buscar otra víctima para comenzar de nuevo.

El auge de las redes sociales ha traído consigo la normalización de la crítica e hipocresía generalizada. Es un nuevo canal para que se expresen nuestros malos hábitos sociales de siempre y debes ser consciente de ello para poder ponerle freno.

Demostrar antes que vivir.

Fotos posadas, sonrisas forzadas, imágenes de algún lugar pintoresco eclipsadas por primeros planos de protagonistas que siempre se repiten. Instantáneas que parecen espontáneas, pero donde casualmente se cuela un rótulo del lugar de moda.

Ostentación. Demostración. Falsedad.

La gran mayoría no se muestra en las redes sociales tal como es sino como quiere ser y necesita ser percibido. Además, el tener un escaparate siempre disponible crea una competición por averiguar quién es el más falso de todos, es decir, publicar constantemente para que todo el mundo vea lo feliz que soy, lo bien que me siento, la cantidad de amigos que tengo, lo mucho que viajo, el poder económico que disfruto, etc.

El principal problema es que las personas tendemos a creernos lo que vemos en nuestro feed de Facebook, por ejemplo. No nos damos cuenta de que todas esas fotos y estados son artificiales, prefabricados específicamente para aparecer en tu feed, algo así como un decorado en una película.

Por decirlo más claro.

En muchos de los casos, lo que ves en tu feed no es la consecuencia de la genuina emoción de vivir una experiencia y querer compartirla. Es el resultado de la necesidad de demostración constante por una baja auto estima.

La clave no es la crítica y contraatacar con tu propio contenido aún más falso todavía, sino darte cuenta de que es mentira, simple y llanamente.

Si eres capaz de interiorizar este hecho — que todo es mentira—, sentirás lástima en lugar de celos. Verás la ridícula realidad, tal como es.

¿Por qué lo hacemos?.

Por mi propia experiencia he llegado a la conclusión de que hay una relación entre el aburrimiento (falta de propósito) y el consumo de social media. Esto quiere decir que las personas sin un objetivo y un plan para llegar al él son más vulnerables a la tentación de mirar constantemente el feed de su App social favorita.

Si lo piensas, tiene todo el sentido del mundo. Cuando tienes claro lo que quieres hacer, has dedicado el tiempo y recursos a buscar la forma de conseguirlo y tratas de aprovechar toda tu energía en ese objetivo, es muy complicado que de repente quieras invertir tu valioso —y escaso— tiempo mirando lo que hacen —o dicen que hacen— otras personas. Estás centrado en ti, en tu presente y futuro, no en los demás.

Si realmente sabes lo que quieres, si de verdad estás obsesionado con aprender, conocer y experimentar – es decir, crecer- aprovecharás cada momento libre para dedicarlo a ese objetivo.

Por ejemplo: si te encuentras esperando el autobús, arrancarás Pocket y seguirás leyendo ese artículo tan interesante que aportará un valor masivo en tu vida, en lugar de cualquier feed social.

Estado reactivo.

Otro de los perjuicios del estar siempre conectado y siempre disponible en el mundo social online es la constante pérdida de concentración.

Tras recibir una notificación lo más probable es que pares lo que estés haciendo —primer error— para ver de qué se trata. En el mejor de los casos tardarás entre quince y veinte minutos en recuperar el nivel de concentración que tenías antes de la notificación. Ahora multiplica este hecho por cinco, diez o veinte ocasiones a lo largo del día.

Tras recibir esa notificación o revisar tu feed, tu mente entra en estado reactivo y necesitarás más de lo mismo durante el día.

Otro like más. Otro comentario más. Otro mensaje más, etc. Es francamente complicado desarrollar un trabajo notable en esas circunstancias.

Para lo que sí sirve.

Quizás te estés preguntando, ¿no hay nada positivo en las redes sociales?. Sí, lo hay. El problema es que en este caso ocurre lo mismo que con el correo electrónico: se utiliza mal.

Estar en contacto con personas a las que quieres, pero que están a muchos kilómetros de distancia, es simplemente genial. Encontrar oportunidades laborales, o de cualquier tipo, y poder optar a ellas es muy positivo. Rodearte de personas con gustos y personalidad afín es increíble.

Sin embargo, no te engañes:

  • Cotillear las fotos de otra persona mientras la juzgas y criticas es nocivo —sobre todo para tí.
  • Llegar a la conclusión de que todos los demás tienen una vida mejor que la tuya en base a sus publicaciones es un error gravísimo que te pasará factura (¿no lo está haciendo ya?).
  • Querer aprovechar cualquier experiencia para sacar un rédito social de ella arruinará la experiencia en sí.

Cómo dejar de fingir:

Al tratarse de un hábito muy arraigado, abandonar, bajar el ritmo o sencillamente aproximarte al social media con otra actitud, es un trabajo duro que requiere tiempo. Basándome en mi propia experiencia, me atrevo a darte algunos consejos:

Averigua lo que quieres hacer con tu vida.

No, no me refiero a buscar un trabajo, una pareja, una vivienda o a lo que se supone que debes de hacer a tu edad. Me refiero a algo más profundo.

Me refiero a lo que de verdad quieres.

Debes hacerte las preguntas existenciales que el ser humano lleva haciéndose durante miles de años en lugar de rehuirlas.

Desde ahora mismo tu prioridad debe ser buscar un objetivo, una meta y trazar un camino para llegar a ella.

Si la meta es lo suficientemente grande para motivarte de verdad, todas tus acciones estarán alineadas con ese propósito final y sencillamente ni se te pasará por la cabeza dedicar tu atención a las acciones de los demás.

Corta por lo sano donde te haga falta.

Elimina de tu smartphone la App social que más utilices. Así de sencillo. Puedes utilizarla en tu ordenador personal, pero debe desaparecer de tu móvil.

El objetivo de esta medida es que pongas un poco de distancia entre tí y el foco del problema. En ocasiones es necesaria la perspectiva para poder valorar y entender lo que ocurre.

Si lo ves conveniente, en su lugar instala Pocket, InstaPaper o cualquier App que te permita consumir contenido que previamente has guardado y, sobre todo, que te acerque más a tu objetivo, a tu meta.

Retro-alimenta tu obsesión.

Personalmente estoy convencido de que cierto grado de obsesión es indispensable para tener éxito en lo que te propongas.

Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que no vamos a llegar lejos con pensamientos ordinarios, decisiones estándar y acciones razonables.

Si aplicas los consejos anteriores ahora tienes uno o varios objetivos y dispones de más tiempo y atención. Usa estos recursos para perseguir tus metas.

En ocasiones tendrás menos tiempo: no pasa nada. Haz lo que puedas ese día, aunque sean unos minutos.

Al finalizar tu día, podrás considerarlo un éxito si has hecho algo, por pequeño que sea, que te acerque a tu meta.

El movimiento engendra más movimiento. La percepción del progreso aumenta la motivación. Alimenta constantemente esta obsesión consumiendo, aprendiendo, experimentando y llevando a cabo lo que aprendes.

Una vez comiences, no podrás parar.

Conclusión: por favor, recupera tu vida. Ahora.

Al comienzo de este artículo te dije que expondría qué es lo que me ha funcionado, lo que me ha ayudado de verdad a ver la realidad de otra forma. Además de los consejos que espero te ayuden, he dejado para el final —a propósito— la pieza del puzzle definitiva. También la más dura:

Te vas a morir.

Tener claro que mi existencia es finita; entender que los días, semanas y años pasan demasiado rápido; comprender que dentro de poco ya no estaré aquí, me ha ayudado a querer vivir mi propia vida, no la de los demás. Me ha empujado a definir mis propias reglas, no las de los demás.

No te queda tanto tiempo como el que crees. Debes tomar la decisión de recuperar tu independencia y hacer lo que casi nadie hace: vivir su vida bajo sus cánones y no prestar atención a los demás, en un enorme FUCK YOU al sistema.

No caigas en la trampa de creer todo lo que ves. Las apariencias engañan.

Todo el mundo está jugando a aparentar ahora mismo, pero si te revelas ganarás a largo plazo porque serás la persona que dejará un legado.

La persona a la que recuerden cuando ya no estés aquí.

10 consejos para trabajar con clientes

Trabajar con clientes es duro. Es difícil tener un plan que anticipe todas las situaciones, porque muchas de ellas serán completamente imprevistas. Aún así, si tienes un método, lo compartes con tu cliente y éste lo asume y respeta (primer signo de que es un buen cliente), de alguna forma blindas tu relación profesional y proteges tu reputación y tu tiempo.

Si no tienes una forma de filtrar los clientes y los proyectos para saber qué es lo que te interesa, luego no puedes quejarte de que el cliente es de tal o cual manera.

Estos son algunos consejos que te ayudarán a filtrar y seleccionar únicamente clientes y proyectos que beneficien a ambas partes, no sólo al cliente.

1. No tener un método

Quizás no eres consciente de ello —todavía— pero necesitas un plan o método si quieres un resultado notable en lo que sea que hagas. Trabajar con clientes no iba a exigir menos.

Como profesional, debes tener un método de trabajo o al menos tener una serie de valores a los que no estás dispuesto/a a renunciar y a unas pautas que regulen tu forma de trabajar.

Tienes que poner por escrito tu método, hacerlo público. Todos saben que eres profesional pero tienen que ser conscientes de tu propia definición de profesional.

Quien quiera trabajar contigo debe aceptar tu método, tu proceso, saber qué puede esperar de ti y cuándo. Ese es tu primer filtro.

Muchos de los consejos de este artículo se engloban dentro de la definición de un método. Figuran como consejos precisamente porque casi nadie los pone por escrito al iniciar un proyecto. Al no estar definidos, el cliente los interpreta casi siempre de forma ventajosa para él, dando lugar a los problemas de comunicación y expectativas incumplidas que todos conocemos.

Tu método debe desglosar las fases de desarrollo del proyecto, cuándo estará lista cada pieza, cómo y cuándo contactar contigo, los requisitos para comenzar a trabajar, la forma de pago, una definición clara de los roles y responsabilidades, etc.

2. Comenzar sin toda la información

Un error muy común es comenzar a desarrollar un proyecto sin contar con el total del contenido. Frases como “todavía no tengo todo el contenido” o el cliente “lo está recopilando” son señales claras de que el proyecto (al menos en lo referente a ti) no está lo suficientemente maduro para comenzar.

Comenzar a trabajar sin todo el contenido de un proyecto es extremadamente peligroso. Hazte a la idea:

Si inicias el proyecto sin algo tan esencial como el contenido definido, estás dejando la puerta abierta a que lo modifiquen cuando quieran y como quieran. No hay una base sobre la que comparar, no ha habido una fase de recopilación y ajuste. Ésta está ocurriendo mientras tu desarrollas el proyecto y, créeme, nunca terminará.

Casi con toda seguridad te enfrentarás a una tanda de cambios interminables, precisamente porque has dejado que el cliente lo perciba así. Ahora es difícil volver atrás.

3. No definir responsabilidades

Al comenzar un proyecto, todo lo que no definas o especifiques claramente quedará a la interpretación del cliente, algo que jamás es buena idea.

Si no quieres que el cliente intervenga más allá de determinado punto, debes decirlo sin ambigüedades.

Desde aspectos más filosóficos hasta los más técnicos, si no quieres que el cliente se entrometa debes preparar el terreno para que no ocurra. Sienta las bases, define los roles de cada uno y hasta dónde deben llegar.

Si el cliente es reticente, es que no respeta tu forma de trabajar, tu método.

Debes explicar por activa y por pasiva que ésta es la mejor forma de ofrecer un resultado profesional y tener un argumento claro para justificar de forma contundente cualquier condición o apartado de tu proceso de trabajo.

4. Desarrollar más de una propuesta

Este error lo he visto en multitud de ocasiones, tanto en freelancers como en agencias. Me sigue maravillando la falta de confianza en tu propio trabajo y en el de tus compañeros: esto queda demostrado en tener que preparar varias opciones para mostrar al cliente.

Si confías en lo que haces, si has meditado cada decisión y puedes defender cada detalle porque forma parte de tu proceso, de tu método, entonces no tienes nada que temer.

Tu cliente no te paga para tener que tomar determinadas decisiones. Paga para que tú, como profesional, llegues a la mejor solución posible y se la presentes sin ambigüedades.

Deja de ofrecer varias opciones a tu cliente, no sabrá qué hacer con ellas. Es dinamitar tu propio camino en el proyecto.

5. No documentar el proyecto

Si todos los detalles del proyecto no están por escrito, no existen. Es así de sencillo.

Debes disponer de documentos donde se deje bien claro las fechas de inicio y final del proyecto. Los detalles del mismo, qué aspecto debe tener el proyecto a la hora de entregarlo y las responsabilidades y roles de cada uno.

Por supuesto, es vital que figure la cantidad económica a percibir y las fechas de pago. No está de más que añadas una cláusula en la que indique qué ocurre si el cliente se retrasa a la hora de pagar.

El cliente y tú debéis firmar el documento. Aunque tenga mayor o menor validez legal, el hecho de sellar con tu letra un documento tiene un significado más profundo que enviar un correo-e.

6. No cobrar por adelantado

A no ser que se trate de un partner o de un cliente con el que lleves años trabajando, jamás comiences un proyecto sin haber percibido un adelanto.

El pago que recibes como anticipo de tus servicios es el pistoletazo de salida del proyecto. Sirve para que el cliente se lo tome más en serio y se comprometa, ya que querrá recibir el retorno de su inversión.

Por otro lado, si el cliente se echa atrás en el proyecto o si este se cancela de forma unilateral, la cantidad anticipada te servirá como compensación.

Si tu cliente es del extranjero entonces cobrar hasta el 75% por adelantado es una necesidad. Si algo sale mal y no es tu responsabilidad, en este caso apenas dispondrás de cobertura legal.

7. Pujar por un proyecto

Hasta hace relativamente poco, cuando he tenido que valorar un proyecto y la respuesta ha sido tipo “nos gustaría trabajar contigo pero ______ lo hace por menos dinero”, siempre he considerado la opción de rebajar mi propio precio, llegando a hacerlo en muchas ocasiones. Nunca más.

Es difícil que un cliente que únicamente busca el mejor precio valore tu método y tu profesionalidad. Buscando lo más barato deja claro que concibe el proyecto o a ti mismo —como proveedor— como un gasto, no como una inversión.

Espero que seas consciente de lo extremadamente complicado que será que el proyecto transcurra sin problemas.

Huye de este tipo de clientes. Busca a alguien que te respete como profesional y que busque el mejor resultado posible, no el más económico.

8. Ser accesible 24/7

Todos hemos caído en esta trampa alguna vez (algunos viven en ella todavía). Déjame ser claro: no tienes por qué estar accesible las 24 horas del día. No es sano. Tarde o temprano acabará contigo.

Ahora bien, si no dejas claro cuándo se puede contactar contigo y cuándo no, le estás cediendo a tu cliente la iniciativa y el control de tu agenda. Te llamará cuando él/ella quiera. Poco importa si es sábado o si son las 21 h.

Una buena comunicación durante el desarrollo de un proyecto y en la relación con tu cliente es esencial, pero debes definir tú las pautas. Forman parte de tu método profesional y el cliente debe respetarlas, pero para hacerlo ambas partes deben ser consciente de ellas.

9. Aceptar feedback de demasiadas fuentes

Muchos de los problemas durante el desarrollo de un proyecto tienen que ver con la burocracia interna del cliente. Demasiadas personas a las que tener en cuenta. Demasiadas opiniones.

Una vez más debo decirte que en tu método y en tus condiciones debe quedar claro con quién (o quiénes) debes mantener la comunicación e informar del estado del proyecto, su avance, etc.

Debes tomarte el feedback de otras personas que no estén involucradas contigo en el proyecto como poco más que una opinión. No debes actuar, nunca.

Otro error muy común y que tiene mucho que ver con este punto es preguntar a tu cliente “¿qué te parece?” o “¿qué opinas?”. Te recuerdo de nuevo que el profesional eres tú. Ni quieres ni necesitas su opinión.

Tienes un método y gracias a él puedes explicar y justificar cada decisión y cada detalle, si el cliente te lo exige.

Una vez pasada la fase de investigación, si preguntas, das la impresión de que eres inseguro/a en tu trabajo.

Si preguntas, estás proyectando tus dudas sobre el proyecto en tu cliente, que precisamente te paga para que resuelvas un problema.

10. No poner fin a los cambios

A pesar de tener un buen método, haber cerrado detalles y delimitado las responsabilidades de cada uno, con toda seguridad más tarde o más temprano los cambios aparecerán en el proyecto.

Los cambios no se pueden evitar, forman parte de cualquier proyecto. La clave es distinguir su naturaleza.

Si los cambios implican una nueva estructura o nuevas funciones, nunca deben ser aceptados directamente. Deberán ser tratados como una nueva fase del proyecto, valorada (en tiempo y dinero) a parte. De lo contrario el proyecto se transformará en una abominación que no sabrás cuando acabará y en la que habrás perdido toda la iniciativa. Si abres esa puerta con tu cliente, nunca podrás volver a cerrarla.

Si los cambios son ajustes en la misma estructura y éstos no incluyen añadir nada nuevo, debes ser tolerante y entender que las apreciaciones cambian y realizarlos. La clave es poner un límite y dejarlo claro. Debes decirle a tu cliente que, aunque aceptó los bocetos/mockups/esquemas, estás dispuesto a realizar tal o cual ajuste, pero nada más.

Muestra el límite, ponle rostro al fin y deja claro hasta dónde sí y a partir de dónde, no.

EXTRA: No ser tú mismo/a

Tú, como profesional, eres algo más que un portfolio, un método y una reputación. Eres una persona. Tienes tu forma de ser, tus preferencias y tus valores. No los traiciones ni te traiciones a tí mismo/a por agradar a un cliente.

Si, por ejemplo, vistes de una forma más casual pero, cuando tienes que acudir a las oficinas de tu cliente, usas un atuendo que no te pertenece, te estás disfrazando. Además, los clientes lo perciben, notan esa falta de confianza en uno mismo/a.

Atrévete a ser tu mismo/a, con tus defectos y virtudes. Si los prejuicios y pensamientos fosilizados de tu cliente se interponen e impiden la colaboración, te han hecho un favor. Es muy complicado que el proyecto hubiera llegado a ser satisfactorio para ti en todos los sentidos.

Debes seleccionar clientes que no sólo te respeten como profesional, entendiendo tu método, sino como persona, aceptándote como eres.

Conclusión

Podría escribir muchos consejos más en base a mi experiencia y a mis errores, pero estos son los que más impacto positivo o negativo han tenido en mi carrera profesional.

Mi mayor deseo es que puedan servirte a ti, como enseñanza de lo que hacer y no hacer al tratar con un cliente.

Lo más importante es recordar que no hay malos clientes, hay malos profesionales que no saben ver —o no quieren ver— las luces rojas parpadeantes que aparecen con algunos clientes. Luego se quejan, cuando es su responsabilidad. No cometas el mismo error.

Cómo planificar tu vida y lograr lo que te propongas

Tengo un plan, objetivos y un método para lograr cumplirlos. Probablemente no será el mejor método pero al menos es mío. Lo he ido ensamblando con retales de otros métodos y sobre todo con mi propia experiencia. Aunque lo uso desde hace años, casi todas las semanas sigo ajustando por aquí y por allá; lejos de molestarme, lo tomo como un indicador de que estoy aprendiendo, cambiando y reaccionando ante mi propio entorno y circunstancias.

Echando la vista atrás me parece increíble que hace no tanto me enfrentase al día —a la vida— sin ningún tipo de plan. Hoy en día tengo siempre planificado lo que tengo que hacer al día siguiente. Aunque en algunas ocasiones no soy capaz de cumplir mi propio plan, simplemente el hecho de tenerlo ha supuesto un radical cambio a mejor en mi vida.

¿Cómo he llegado aquí? Un día dije “basta” y comencé a pensar en cómo poner un orden en muchos aspectos de mi vida a través de un plan y una metodología sencilla, y hasta hoy.

En esta entrada quiero contarte cómo fue el proceso, los problemas que me encontré —y me sigo encontrando— y también sus soluciones a modo de consejo.

Antes de continuar te diré lo que ya sabes (sino, no estarías leyendo esto): debes planificarte, debes reflexionar y establecer tus prioridades y objetivos. Debes traducir éstos a acciones y éstas deben ser ejecutadas día a día, sin descanso. Es imposible lograr un resultado notable sin un plan, sin un método. Lo necesitas. Veamos cómo puedes crear el tuyo.

Estás planificando para el fracaso

Sé que soy pesado pero permíteme que vuelva a recordarte lo importante que es tener un plan para lograr tus objetivos. No puedes enfrentarte a la incertidumbre y estrés de cada día sin saber qué debes de hacer y cuáles son tus prioridades. Como he dicho en muchas ocasiones (y si lo piensas sabes que tengo razón), si tú no te planificas tu agenda alguien lo hará por ti. En otras palabras:

No tener un plan es planificar para el fracaso.

¿Por qué es tan importante una buena planificación? Al fin y al cabo la gran mayoría de personas funcionan sin ella. De hecho probablemente tú lo haces cada día. Las razones son muchas y van desde lo psicológico hasta lo puramente físico, pero estas son las esenciales.

No puedes avanzar si no sabes a dónde vas

Todos queremos mejorar, ¿verdad?. Ser mejores profesionales y optar a mejores oportunidades en nuestro entorno. Supongo que en esto todos estamos de acuerdo. Entonces, ¿cómo sabes si estás creciendo como profesional si no tienes una referencia o baremo sobre el que comparar?. Yo te respondo: no puedes.

Míralo de esta forma: es imposible saber hacia dónde me dirijo si no se dónde estoy y no tengo un plano. Estaré perdido/a. Un día avanzaré para luego retroceder. Estaré caminando en círculos sin ser consciente de ello, incluso luego me sorprenderé ante la falta de logros de cualquier objetivo en mi vida y achacaré mi destino a factores externos como la crisis, la suerte, etc.

Tienes que imaginar cual es tu definición de éxito en tu día.

Tienes que preguntarte qué tiene que ocurrir mañana para considerar el día como un triunfo, e ir a por todas.

No se trata de asignar cada hora, minuto y segundo del día a una tarea sin dejar un espacio libre para “respirar”. Se trata de saber cuál es tu prioridad en cada día. Se trata de hacer un ejercicio de reflexión para priorizar lo más importante, lo esencial y descartar o aplazar el resto. Una vez más: si no lo haces tú, alguien lo hará por ti y será de acuerdo a sus intereses, no los tuyos.

Aunque luego veremos cómo crear un workflow sencillo, usa un calendario, papel y lápiz y saca todo lo que tienes en tu cabeza. Todos los proyectos, tareas, ideas y demás. Apúntalo todo en un papel, tacha lo que no sea esencial y prioriza el resto en una lista. Pon una fecha a cada elemento. Ahora eres consciente del aspecto que tienen el éxito y el fracaso.

Felicidades, a diferencia del 95% del resto de mortales, tú tienes un plan.

No puedes lograr tus objetivos sino los conviertes en acciones

Somos personas, no máquinas. Aunque es fácil pensar que la parte profesional y la parte personal del ser humano son dos mitades independientes, realmente no lo son. Se suelen separar por conveniencia, pero todo lo que explico aquí se aplica tanto a la persona como al profesional. Lo digo por propia experiencia.

Quiero hacer un pequeño ejercicio de reflexión contigo. ¿Qué ocurre cuando se acerca el final del año?. Piénsalo, todos nos hacemos propósitos de todo tipo: perder peso, dejar cualquier hábito nocivo, aprender un idioma, etc. ¿Qué suele ocurrir con esas buenas intenciones un par de meses —o menos— después?. Se olvidan completamente. Hasta el año siguiente, donde el proceso vuelve a comenzar.

Año tras año todos buscamos una excusa plausible para justificar nuestra falta de éxito en lo que nos proponemos y siempre encontramos una que nos haga sentir un poco mejor.

Está demostrado que el cerebro se siente a gusto, valora y entiende los beneficios cuando son en el futuro (por ejemplo, hacer ejercicio físico), pero valora mucho más la gratificación instantánea cuando llega el presente. Esa es la razón por la que preferimos ver una serie mientras comemos una bolsa de Doritos antes que hacer realidad esa acción que tantos beneficios iba a traer (ir al gimnasio). Esto es conocido como el efecto Akrasia y debes ser consciente de él para poder combatirlo.

Mientras estamos planificando objetivos el cerebro se siente bien proyectándose en el futuro y anticipándose a los beneficios. La dopamina fluye y, como estás motivado, es posible que durante un tiempo sigas el plan que habías marcado pero, cuando la motivación desaparece, más tarde o más temprano abandonas. ¿Por qué?. Porque cuando la motivación desaparece sólo queda el compromiso personal de hacer algo.

Me estoy enrollando bastante, lo sé, pero lo que intento decirte es que, igual que no puedes esperar tener éxito enfrentándote al día sin un plan, tampoco puedes pretender lograr cualquier objetivo basándote únicamente en la motivación.

La motivación no es una causa, es un efecto; viene tras la acción.

Esto quiere decir que la motivación no es una fuente de nada. No puedes basar ningún plan para llegar a un objetivo en estar motivado. Tienes que comenzar con la acción, aunque no estés motivado.

A medida que progreses en conseguir tu objetivo, entonces estarás más motivado, pero necesitas comenzar, con motivación o sin ella, para lo que también necesitas un plan.

Igual que has hecho con tus proyectos y tareas, debes buscar cuáles son tus objetivos personales y profesionales a largo plazo y desglosarlos en acciones más pequeñas, algunos incluso en acciones diarias. Puedes usar una App como HabitBull, Habitica o papel y lápiz, eso es lo de menos. Lo imprescindible es que elabores un plan, un método que te lleve de A (tu estad actual) hacia B (tu visión de ti mismo en el futuro) en pequeños pasos accionables, y lo sigas.

Si tienes un objetivo, si sabes hacia dónde quieres llegar y puedes vislumbrarlo en el horizonte —aunque esté todavía bastante lejos— todo se vuelve más sencillo.

Divide tu día en bloques de tiempo de acuerdo a tus posibilidades

Si ya tienes claro lo que tienes que conseguir cada día y lo has desglosado en acciones, el siguiente paso es ajustar y asignar tiempo a cada una de ellas. No hay una regla universal que defina cuánto tiempo asignar a cada tarea ya que esto depende mucho de las circunstancias de la persona. Lo que sí hay son unas pautas y consejos que funcionan:

  • Divide el tiempo del que dispones cada día para para desarrollar tu trabajo y proyectos en bloques de treinta minutos.
  • Si la duración de una tarea supera las dos horas, es muy posible que debas desglosarla más.
  • Anticípate al cambio y al fallo: asigna más tiempo del que crees que te llevará cada tarea.
  • Deja el trabajo más creativo para lo primero que hagas. La tareas más mecánicas deben ser las últimas.
  • Evita y minimiza las interrupciones con todas tus fuerzas.
  • Protege tu agenda a toda costa: Di NO siempre que puedas.
  • Una de mis favoritas: No arranques tu programa de correo-e hasta que hayan pasado dos o tres horas de trabajo.

Como he dicho no son consejos universales ya que no hay dos personas iguales. Aún así espero que quede claro a lo que me estoy refiriendo con estos consejos, pero, por si no es así:

  • Planifica tu día asignando las tareas de tus proyectos y objetivos a bloques de tiempo. Ejecuta el plan.
  • Defiéndete de cualquier intromisión en forma de interrupción, notificación, distracción, etc.

Hace tiempo escribí un artículo sobre 10 consejos o principios sobre productividad. Quizás te interese echarle un vistazo como complemento a este punto.

Elige una App y no te separes de ella

Has utilizado papel y lápiz para sacar de tu cabeza todas las tareas, proyectos, ideas y objetivos. Ahora, para comenzar a desarrollar tu plan —si eres como yo— lo más posible es que prefieras una App o herramienta que te ayude con la ejecución del día a día. Una App te dará mayor control, facilidad de acceso y otras características que debes aprovechar.

Hay literalmente cientos de Apps que te ayudarán a llevar un control de tu plan diario: Basecamp, Trello, Asana, Wunderlist, Todoist, Podio, etc. Puedo decir que las he probado casi todas y te recomiendo que tú hagas lo mismo. Debes experimentar hasta encontrar la que más se adapte a tu forma de ser y necesidades.

Mi consejo personal es que, por encima de nombres fancy y características que luego nunca vas a usar, busques la sencillez y la capacidad de personalización. En estos dos factores destacan Trello y Asana, así que esa es mi recomendación. Dale un vistazo y prueba cómo funcionan. Comienza a usarlas durante una semana. Debes darles una oportunidad durante un tiempo antes de poder juzgar.

Si buscas ayuda a la hora de usar estas App, he creado dos vídeos donde muestro cómo funcionan y mi workflow personal tanto en Trello como en Asana.

Crea un Workflow en base a tu identidad y NUNCA dejes de ajustarlo

Recapitulemos, en este momento:

  • Eres consciente de la necesidad de tener un plan para poder alcanzar tus objetivos y desarrollar tus proyectos.
  • Has conseguido desglosar tus objetivos personales y profesionales en acciones y tus proyectos en tareas.
  • Has conseguido priorizar lo esencial para saber qué debe estar listo y cuándo lo debe estar, formando una imagen de cómo será el éxito o fracaso en tu día.
  • Has elegido una App o método para llevar un control de tus progresos, avances y estado de todo lo anterior.

Ahora, lo que necesitas es una metodología o workflow que te permita ejecutar, comenzar a hacer, todo lo anterior de forma sostenida en el tiempo. Debes ponerlo en práctica en el inicio de cada día e ir desarrollando todo lo que te has propuesto, tarea por tarea. Tu método debe ser flexible sobre todas las cosas y permitirte ajustar y adaptar sobre la marcha.

Aunque motiva mucho pensar que con tu flamante plan y nueva mentalidad ya has ganado la guerra, lo cierto es que pronto te darás cuenta de en muchas ocasiones lo planificado no corresponde con la realidad. Dicho de otra forma: tendrás que cambiar, actualizar y ajustar siempre. No es nada malo, al contrario; si lo piensas bien es algo muy positivo.

Ajustar tus comportamientos, procesos y métodos a los cambios de tu entorno significa que estás aprendiendo, que estás cambiando. Te estás adaptando para poder ser más efectivo.

Es algo así como un mini proceso evolutivo-personal. Sólo el que se adapta prevalece. El que no cambia, es sustituido.

Sin embargo, es esencial que estos cambios se apliquen de forma ordenada. No debes ajustar todo el rato o en cualquier momento. Tienes que designar momentos específicos para realizar esos ajustes. Es lo que se llama revisión diaria y revisión semanal.

En la revisión diaria (al finalizar el día) debes de analizar qué tareas no se han podido realizar y el motivo, haciendo los ajustes necesarios para el resto de días. Este es el momento de convertir en acciones o desechar las notas que hayas ido tomando durante el día (yo uso Google Keep). También deberías guardar las horas que has trabajado para, pasadas unas semanas, tener una perspectiva mayor y evitar perder el tiempo.

En la revisión semanal (yo la hago los sábados) debes de cambiar la perspectiva aumentando el foco y viendo la semana transcurrida en su conjunto. Qué ha ido bien, qué ha ido mal y hacer los ajustes necesarios —como te dije, siempre tendrás que ajustar.

Debes planificar la semana entrante en relación a qué proyecto/s dedicarte y desglosar las tareas asignándolas a cada día. Es conveniente también que revises si estás haciendo avances hacia tus objetivos o te estás estancando.

Tú no te libras

Si trabajas por cuenta ajena quizás te estés preguntando si todo esto se aplica a tu caso. Es posible que no tengas una autonomía total a la hora de decidir en qué proyecto trabajar o qué tarea desarrollar. No importa. Siempre hay algo de libertad en tu profesión, si la buscas.

Aplica todo lo descrito aquí, crea tu plan y úsalo en la medida de tus posibilidades. Si no puedes elegir los proyectos en los que trabajar al menos elige el orden en que te enfrentarás a ellos.

Busca nuevas formas de realizar tareas. Si no puedes cambiar los procesos o procedimientos al menos intenta mejorarlos, re-ajustarlos. Si la persona que esté por encima de ti no es ciega, pronto se dará cuenta de tu actitud y probablemente irá comenzando a cederte más autonomía, donde podrás seguir re-ajustando.

Tus ayudantes

Aunque las he mencionado muchas veces, tienes a tu disposición una serie de herramientas que te ayudarán en tu día a día. Úsalas. Por ejemplo, tienes Toggle para guardar un registro del tiempo, la técnica Pomodoro para trabajar con la máxima concentración; MyNoise y Focus@Will para un aislamiento y entorno musical óptimo para trabajar.

Igual que con los procesos e igual que con tu plan, debes probar nuevas herramientas y ajustar las actuales para mejorar siempre.

Conclusión

Si has llegado hasta aquí sin dormirte, te felicito.

Ahora en serio, si piensas que lo te he contado sobre planes, métodos y demás historias está bien pero no va contigo porque no ves la necesidad en ello, perdona, pero no has entendido nada.

Si piensas que todo esto está genial pero no puedes permitirte el tiempo y esfuerzo que conlleva, perdona, lo que no puedes permitirte es no hacerlo. En un entorno cada vez más globalizado, comodizado y ultra competitivo, cada vez es más difícil destacar. Sólo las personas con un plan y un método sobresaldrán por encima del resto.

Este es un punto de inflexión. El tiempo de las excusas se acabó. Tienes que reflexionar, darte cuenta de lo que quieres ser y hacer y trazar un plan que te acerque un poco más cada día a tus objetivos.

Te encontrarás con dificultades y obstáculos, pero tu tienes un plan, un objetivo y nada podrá detenerte.

Aprendiendo a conquistar el día

Llevo intentando levantarme temprano de forma sistemática durante muchísimo tiempo (más del que me gustaría reconocer); siempre sin éxito. Únicamente desde hace unos meses he logrado hacer progresos y construir una rutina que, aunque todavía está por ajustar, me ha permitido comenzar el día de la forma en la que siempre he deseado: como conquistador en lugar de como víctima.

Abajo tienes mis experiencias en la búsqueda del dominio del día desde su inicio, lo que me ha funcionado y lo que no, y sobre todo, cómo he logrado progresar y por qué.

Como siempre, mi objetivo no es dar lecciones a nadie, sino ofrecer mi caso personal por si resuena contigo y te sirve de ayuda.

Sí, soy noctámbulo

Soy una persona nocturna, no lo niego. Durante el día puedo ser víctima del cansancio pero, a medida que la noche se acerca y, al contrario que el resto de personas, mi cuerpo se vuelve progresivamente más despierto y alerta. Algunos dicen que es cuestión de biorritmos, otros que todo viene grabado en mis genes. Lo único que está claro es que mi cuerpo siempre ha funcionado así.

Durante años he tratado de cambiar esta característica de mi organismo que forma parte de mi propia identidad, pero es bastante complicado. Al convivir en pareja ciertamente he conseguido “normalizar” la situación pero sigue estando ahí y lo noto cada noche y cada mañana. En las ocasiones en las que he tenido que trabajar toda la noche he sido extraordinariamente productivo. La quietud, la oscuridad y el silencio son mis mejores compañeros de oficina; hay algo mágico en estar activo cuando todos los demás están durmiendo.

Es al llegar la mañana cuando siempre he tenido dificultades pero, para entenderme, necesito que te pongas en mi lugar. Yo, a diferencia de cualquier persona que trabaje por cuenta ajena, no tengo porqué levantarme temprano. Nadie me obliga. Nadie se va a quejar. No tengo la obligación. Quizás te parezca un detalle sin importancia pero te aseguro que tu subconsciente lo sabe perfectamente y, cuando el despertador suena, inconscientemente sabes que no pasa nada si apagas la alarma y duermes unos minutos más.

¿Por qué?

¿Por qué levantarse temprano?. Los argumentos científicos hablan de un alineamiento más natural entre el despertar personal y la salida del sol. Por otro lado es de sobra conocido que la mayoría de personas de éxito son en su gran mayoría early risers.

Aunque todo lo anterior anima, en mi caso no me ha servido. Está bien saber que es mejor para tu organismo si te sincronizas con el ciclo solar. Es genial, e incluso motivador, saber que personas como Jeff Bezos, Tim Cook o Richard Branson se levantan realmente temprano, pero no pasa de ahí: sólo es un dato curioso que olvidarás pasados unos minutos.

¿Esto quiere decir que para tener éxito hay que levantarse muy temprano?. No, para nada. Las personas nocturnas pueden tener muchísimo éxito, es sólo que está demostrado que las personas que se levantan temprano tienen más posibilidades. ¿El motivo?, Porque si tu actividad comienza antes que la del resto estás ganando una enorme ventaja competitiva. Más sobre esto, luego.

Entonces, si la motivación no va a ayudarte a levantarte más temprano y conquistar tu día de forma sistemática, ¿qué lo hará? La clave es encontrar tu propia respuesta a la pregunta de ¿por qué?.

Obsesión

Levantarse temprano como parte de un método o procedimiento me resulta bastante complicado, ya no sólo porque inconscientemente sé que no tengo por qué hacerlo, sino porque he de re-educar mi naturaleza nocturna traicionándola cada mañana.

He probado prácticamente todo: desde poner el despertador lejos de la cama, melatonina para inducir un sueño más reparador, afirmaciones y visualizaciones antes de dormir, rituales antes de acostarse… de todo.

Aunque todos estas acciones son positivas, lo esencial, lo básico, lo imprescindible es que encuentres un motivo por el que levantarte más temprano.

Es vital entender que esto no tiene nada que ver con la fuerza de voluntad. Todos podemos dormir tres horas durante una semana, pero eso es un sacrificio. Por otro lado nadie puede aguantar ese ritmo indefinidamente. Para conquistar el día cada mañana y desarrollar lo que quieras ser debes de querer hacerlo. Debes de ansiarlo por encima de todo lo demás, por encima de quedarte en la cama bajo el calor de las sábanas. No se trata entonces de un sacrificio, es una necesidad.

¿Recuerdas cuando eras niño/a y y los reyes magos o papá Noel te traían los regalos? Probablemente no podías aguantar más en la cama aunque todavía fuera de noche. Tenías unas ganas locas de salir corriendo a disfrutar de tus regalos. Estabas entusiasmado/a. Con la edad lamentablemente vamos perdiendo la capacidad de asombro propia de los niños/as, pero lo importante aquí es que recuerdes cómo era ese sentimiento. Si puedes encontrar lo que te provoque aunque sea un pequeño porcentaje de esa sensación de entusiasmo, no importa la hora que sea o lo que hayas dormido: querrás más y actuarás en consecuencia.

Ahora bien: ¿cómo encontrar lo que te provoque el suficiente entusiasmo como para levantarte voluntariamente a las 6AM o antes?. No hay una respuesta clara; tienes que encontrarlo por ti mismo/a. No te preocupes, no hay una opción mala para elegir. Si todavía no has comenzado a caminar no puedes perderte. Lo importante es comenzar, dar el primer paso. La motivación vendrá cuando percibas tu progreso, no antes.

En mi caso, lo que realmente hace que salte de la cama (bueno, a veces no es saltar precisamente lo que hago, sino más bien arrastrarme) es mi deseo de aprender. Lo primero que hago tras lavarme la cara y hacerme un enorme café es estudiar.

Siempre me ha gustado aprender algo nuevo pero llevo tanto tiempo haciéndolo de forma sistemática que ahora lo necesito. Lo que aprendo lo puedo aplicar en mis clases, en mi podcast, en mis entradas, en ayudar a la gente. Crezco como profesional y como persona gracias a lo primero que hago cada mañana.

Como el movimiento engendra movimiento, una vez pasada la primera fase de apatía se crea un hábito que se retro-alimenta: cuanto más haces más quieres hacer.

Una vez encuentres tu visión, tu versión en el futuro, debes perseguirla incesantemente sin importar el cómo y el cuándo. Debes de necesitarla por encima de cualquier otra cosa. Debes ansiarla con todas las fuerzas. Esa es la obsesión que te hará amanecer dos, tres o cuatro horas antes que el resto de las personas, de forma sostenida.

Todo comienza la noche anterior

En mi rutina diaria tengo especial cuidado en la hora a la que quiero acostarme.

El momento en el que te acuestas en tu cama es mucho más importante de la hora a la que quieres levantarte. Centra tu atención y esfuerzos en él.

Si desconectas en el momento oportuno, levantarte a una hora determinada es una consecuencia automática. Has de descontar las horas que tú sepas que necesitas para descansar a la hora que quieres levantarte (en mi caso, son 6 – 7 horas las que necesito para un descanso óptimo) y tratar por todos los medios cumplir ese objetivo construyendo el resto de tu día en torno a él.

De todas formas por muy estricto que seas tienes que asumir que, sobre todo al principio, estarás muy cansado/a y es normal ya que tu cuerpo debe acostumbrarse poco a poco al nuevo horario.

No desesperes, poco a poco te encontarás mejor. Te ayudará mucho la satisfacción de comenzar tu día consiguiendo un objetivo por el que muchos suspiran.

Analiza tu descanso

Uno de los factores esenciales para poder levantarte antes que el común de las personas, es el descanso. Como hemos visto antes es vital que designes tus horas de recuperación y sueño y cumplas el horario lo más estrictamente posible. Si no lo haces o lo haces a medias aguantarás algunos días pero al final el cansancio no te perdonará.

Además de cumplir un horario y hacer los sacrificios que sean necesarios para asegurarte una cantidad de sueño óptima, no está de más que audites la calidad de tu sueño. No hay dos personas con los mismos patrones de sueño, pero sí que hay ciertas pautas que todos repetimos: el sueño ligero y el sueño profundo. Por hacerlo breve, es mucho mejor y más natural despertarse en una fase de sueño ligero que en sueño profundo. Si tu alarma suena cuando estás en fase profunda te levantarás bastante más apagado y confuso que si lo haces en sueño ligero. De hecho, es mejor dormir menos y levantarse en sueño ligero que dormir media hora o una hora más y despertarse en fase profunda.

Hoy en día hay multitud de gadgets y Apps que te permiten llevar un control de tus ciclos de sueño y, entre otras características, despertarte antes de la hora programada si estás en sueño ligero (ejemplo: alarma a las 7AM pero con hasta treinta minutos de adelanto si estoy en fase de sueño ligero). Te recomiendo Sleep as Android y Sleep Cycle. He probado las dos y te aseguro que funcionan. Úsalas.

Yendo un poco más allá también te aconsejo que te hagas con algún gadget wearable que te ayude en este propósito. Una simple Xiaomi Mi Band incorpora una función de análisis de sueño (además de otras funciones) y una alarma que te despierta cuando estás en fase de sueño ligero. Te lo aconsejo porque personalmente tengo una desde hace poco y me está ayudando muchísimo. En lugar de despertarte con el sonido horrible del despertador, la pulsera te despierta con una suave vibración en tu muñeca.

Morning routine

Vale, entonces has conseguido poner un pie voluntariamente fuera de tu cálida y confortable cama a las 6AM, ¿ahora qué?. Es fundamental que sepas de antemano lo que vas a hacer. No basta con saber qué te gustaría hacer como hemos visto antes. Tus acciones desde que pones el pie fuera de tu cama deben estar desglosadas en elementos accionables que no te permitan pensar más allá. Necesitas una rutina.

He hablado en otras ocasiones de lo importante que es someter a una rutina los aspectos no esenciales de tu vida para poder obtener un resultado notable en lo que sí es esencial, así que no profundizaré aquí; baste decir que debes tener programado lo que vas a hacer ya que, de lo contrario, volverás a la cama porque es el peor momento del día para la ambigüedad.

Necesitas saber qué vas a hacer y cuándo para alinear tus esfuerzos en cumplirlo. Un ejemplo simplificado basado en la mía:

Mañana:

  • 6:00 AM: Levantarse.
  • Café / agua fría.
  • Aprendizaje / exposición.
  • Desayuno.
  • Aprendizaje / exposición.
  • Aseo.
  • ~11:00 AM: Proyectos y tareas.

Obviamente, ya tengo definido exactamente qué voy a desarrollar bajo aprendizaje / exposición y en proyectos y tareas. En mi review semanal planifico todos estos aspectos para cada día de la semana. Aprovecho para comentarte que estoy preparando un artículo sobre cómo programar y planificar tu vida, es decir, objetivos, tareas y proyectos y qué papel tiene la concentración en todo esto. Si estás leyendo este artículo, creo que te gustará.

De víctima a verdugo

Comenzar el día con una victoria es una sensación adictiva. Por encima del cansancio o del desconcierto típico de poner un pie fuera de la cama cuando todavía es de noche, está la satisfacción de mandar sobre el día y decirle lo que quieres de él en lugar de a la inversa.

Es posible que el resto de tu día traiga alguna sorpresa negativa, personas tóxicas o, en general, cualquier otro tipo de situación estresante, pero siempre te quedará la satisfacción de que la primera acción de tu día ha sido diseñada, planificada y ejecutada por tí mismo, de forma plenamente consciente. ¿Te das cuenta de lo importante que es esto?. Quiere decir que tienes un plan, una visión y que estás acercándote cada día a ella, pieza por pieza.

Conclusión

Todas los seres humanos contamos con la misma cantidad de tiempo. Es el único factor que no distingue de raza, sexo o clase social; es igual para todos. Comenzar tu día antes que los demás no sólo te da un tiempo extra precioso donde reina la tranquilidad y el silencio, sino que literalmente te sitúa por delante del resto de personas que prefieren seguir dándole al botón “snooze” de su alarma indefinidamente.

Si quieres comenzar a conquistar tu día espero que mi experiencia te ayude en tu camino. Ni mucho menos he conseguido crear el hábito de forma sostenida, pero estoy haciendo progresos tras años —literalmente— de intentarlo.

La posibilidad de tener varias horas de tiempo al día, de fabricar tiempo está en tus manos. Lo que hagas con ese tiempo puede cambiar tu presente y tu futuro, pero simplemente la oportunidad merece la pena, ¿no?.

En busca de lo Esencial

Hace muy poco que he finalizado el libro “Essentialism: The disciplined pursuit of less” y ha supuesto una revelación y re-afirmación en mi forma de pensar. Mucho de lo que he aprendido en la obra ya lo sabía o intuía de alguna forma; el libro únicamente ha hilvanado cada concepto hasta unir las piezas del puzzle. Tras leer Essentialism me reafirmo más que nunca en que el 90% de lo que ocurre a nuestro alrededor y pensamos que es importante, no lo es y, como no lo es, no debemos seguir prestándole atención. Permíteme que me explique.

No puedes tenerlo todo

No puedes hacerlo todo, lo sabes perfectamente aunque lo sigues intentando. No puedes tener diez prioridades, estar en cuatro proyectos a la vez, contestar correos-e de tres en tres y acudir a todas las reuniones. Si quieres lograr un resultado notable en lugar de mediocre, debes elegir. Debes aprender a diferenciar lo esencial de lo que no lo es. Debes aprender a decir que no. Lamentablemente, no hay un método universal para saber qué es esencial y qué no lo es ya que esto varía dependiendo de cada persona.

Personalmente he encontrado mucho más sencillo discernir entre lo esencial y el resto (además de mi propia intuición y conocimiento de mí mismo) si lo comparo y contrasto con mis objetivos, con mi visión personal a cinco, diez o veinte años vista —sí, la tengo. De esta forma puedo saber si cada decisión está alineada o no con mis objetivos; sé si es esencial en mi camino o no lo es. Esto abre otra cuestión importante: ¿cómo sé lo que quiero hacer con mi vida?, ¿cómo sé lo que me apasiona y en lo que soy bueno?.

Sean McCabe pone un ejemplo que creo que te servirá: imagina que vuelves de tus terceras vacaciones este año. Tienes todo el dinero que puedas necesitar además del mejor coche, casa, etc. Es decir, no quieres viajar más por un tiempo y ya no necesitas más posesiones materiales. Entonces, ¿qué es lo siguiente que harías?, ¿a qué dedicarías tu tiempo?, te levantarías del sofá para hacer… ¿qué?. Responde a esa pregunta y desde ese momento tendrás un pequeño atisbo de lo que es esencial para tí. Ahora sólo tienes que alinear tu pensamiento, tus acciones y tu vida con ese objetivo.

Less but better: haz menos pero mejor

Una de las premisas principales del libro es el concepto de Less but better, es decir, el hacer menos de lo no esencial para poder hacer más de lo esencial y conseguir la mayor contribución posible durante nuestra vida.

El esencialismo no trata de obtener más tiempo. No es una técnica de productividad o de optimización de recursos. No tiene nada que ver con procedimientos para hacer menos. Se trata de hacer únicamente lo adecuado, lo esencial de acuerdo a nuestra forma de ser y pensar.

Se trata de perseguir un objetivo: re-tomar el control de nuestra propia vida a través de elecciones conscientes para hacer únicamente lo esencial, lo que nos trae felicidad y sentimiento de plenitud a nuestra vida.

La forma de aplicar el esencialismo es cuestionarse de forma crítica y analítica cada decisión y aspecto de nuestra propia vida, teniendo claro que, como hemos visto antes, no puedes abarcar todo: es imposible. Ante cada elección hay que hacerse la pregunta: ¿es esto realmente importante? Y tener el valor de aceptar la respuesta y obrar en consecuencia.

Por ejemplo, en mi caso he eliminado gran cantidad de ropa que no me he puesto en mucho tiempo. Seguía en mi armario porque al verla me hacía la pregunta —y tú también: ¿hay alguna posibilidad de que me ponga esto en el futuro?. Realmente no es una pregunta, es una excusa para no decidir. La pregunta correcta a aplicar en nuestra vida es: ¿estos pantalones realmente me encantan?. Como consecuencia de esa pregunta casi la mitad de mi armario ha desaparecido, pero ahora lo que queda es esencial para mí.

Otro ejemplo personal que puedo ofrecerte es mi propio blog que estás leyendo ahora. He eliminado —casi— todo lo superfluo que puedes encontrar en otros blogs: popups, botones de redes sociales, contadores, enlaces sugeridos, etc. Únicamente he dejado lo importante, lo esencial: el contenido en sí.

Este mismo principio lo estoy aplicando en todas y cada una las facetas de mi vida. Si algo o alguien no encaja en mi forma de ser, en mi realidad o es un obstáculo en la persecución de mis objetivos, simplemente lo aparto.

Por otro lado debemos ser conscientes de que el sentimiento de pertenencia de un objeto es extremadamente poderoso. Igual de poderoso —si no más— lo es el apego emocional a ciertas personas. Tendemos a apreciar más allá de lo razonable lo que poseemos o conocemos y ello nos nubla el juicio a la hora de elegir y, para ser esencial hay que elegir constante y conscientemente.

Fuck yeah or not: haz sólo que te complete y te llene

Half of the troubles of this life can be traced to saying yes too quickly and not saying no soon enough. ~ Josh Billings.

¿Cuántas veces has dicho sí a algún plan o actividad sin estar convencido/a?, ¿en cuantas ocasiones te has comprometido a algo sabiendo que no lo vas a disfrutar?. Tendemos a querer hacer todo, tenemos miedo a perdernos algo aunque ese algo no nos emocione o resuene con nuestra forma de ser. La presión social, el sentimiento de pertenencia a grupo y sobre todo el miedo a la soledad nos hacen tomar decisiones que no sólo no aportan nada a nuestra vida sino que nos hacen ser más infelices.

Bien, ¿sabes una cosa?: todos vamos a morir. Tú vas a morir. Yo voy a morir. Realmente no nos queda tanto tiempo como imaginas. ¿Quieres seguir derrochándolo en experiencias vacías y que sabes que no te gustan, no te convienen y no te aportan nada?, ¿quieres seguir viviendo por inercia?. Yo creo que no, de lo contrario no estarías leyendo esto.

Essentialism define este fenómeno con “fuck yeah or not”, es decir, un “SI” rotundo, completo, sin paliativos o un “no” igual de inamovible. Dicho de otra forma, si no te encanta y resuena contigo en cada poro de tu piel mejor déjalo pasar: no es para ti.

Obviamente todos tenemos algún eventual compromiso social ineludible, pero fuera de esas situaciones debemos examinar a lo que decimos sí en nuestra vida privada y profesional y preguntarnos: ¿es esto realmente lo que me motiva?, ¿es esto lo que realmente me importa?.

Únicamente identificando y eliminando de forma sistemática los obstáculos —lo no esencial— se pueden lograr las experiencias que nos llenan, enriquecen y nos hacen ser la persona que queremos ser —lo esencial.

Rutina: dedica tu energía a lo que tiene un impacto real

Existe una connotación peyorativa en la palabra rutina. Generalmente se asocia con apatía o estancamiento. Ese es el concepto de rutina que tiene la mayoría de las personas, de ahí la frase “caer en la rutina”. Sin embargo, el poder de una rutina es incalculable porque nos permite tomar decisiones no esenciales de forma automática y guardar la energía para lo realmente esencial.

Cada vez que repetimos un comportamiento o acción determinadas neuronas establecen una conexión. Esta conexión se establece y refuerza con cada repetición de la misma acción hasta llegar a un punto en que el cerebro deja de notificarnos el proceso, deja de prestar atención y de alguna forma nosotros dejamos de ser conscientes de lo que estamos haciendo. Esta es la explicación al porqué uno tiene la sensación de haber conducido a casa y no haberse dado cuenta, por ejemplo.

En lugar de gastar energía continuamente (no es ilimitada) en las mismas decisiones día tras día, usando una rutina, podemos pre-definir esas decisiones y centrarnos en las actividades más importantes y esenciales para nosotros.

Ejemplos de rutina válidos son:

  • Matinal (qué hacer tras despertarte).
  • Nocturna o cooldown (acciones a realizar antes de descansar).
  • Atuendo (qué ropa ponerte entre semana).

La claves es automatizar esas acciones habiendo tomado las decisiones previamente. Por ejemplo, y en mi caso particular, en lugar de pensar en qué me voy a poner los días de trabajo, ya tengo listo una combinación de prendas que repito una y otra vez. De hecho, tengo el armario ordenado de esa forma. Mismo tipo de calzado. Mismo tipo de prendas. No pierdo el tiempo en decidir cada día.

Como dice el libro:

Los patrones de acciones personalizados (rutinas) ayudan a liberarte de las demandas de atención de tu mente ante cada decisión, permitiendo una intensa concentración en lo que realmente importa.

Olvida el futuro o el pasado, el ahora es esencial

He hablado en otras ocasiones de lo importante que es vivir el momento, por eso me ha sorprendido mucho encontrar este consejo en el libro. Si lo piensas, tiene todo el sentido del mundo: ¿cómo no va a ser imprescindible estar presente conscientemente en el momento para saber qué acción es esencial y cuál no?.

Para encontrar lo esencial hay que dedicar toda nuestra atención —con energías renovadas gracias a las rutinas— a lo que realmente nos importa, no ayer, no mañana, hoy, en este mismo momento, el único lugar en el espacio-tiempo en el que puedes dejar una huella.

Tampoco es la primera vez que hablo de lo perjudicial que es la multi tarea si queremos realizar un trabajo notable.

El libro sobre Essentialism nos recuerda que el problema no es hacer varias cosas a la vez. Esto es perfectamente posible y de hecho lo hacemos constantemente. El problema es que no podemos concentrarnos en dos cosas a la vez y, como ya he mencionado, la concentración es vital para poder saber qué es esencial en nuestra vida. De esta forma, la multi tarea es un enemigo de lo esencial, son dos conceptos completamente antagonistas y que no pueden convivir. Dicho de otra forma, si quieres hacer menos pero mejor, debes de vivir el momento y estar presente con toda tu energía y concentración.

Explora con sentido crítico

Otra de las ventajas de aplicar el esencialismo a nuestras vidas es que, precisamente por decir no y elegir, puedes darte el lujo de experimentar. De hecho, debemos explorar con sentido crítico cada oportunidad para ver hasta dónde merece la pena para integrarla en nuestras vidas (en nuestra rutina) o desecharla.

Date cuenta de que esta es una forma de ser contraria a la común: decir a todo que sí por inercia sin profundizar en nada una y otra vez.

Esencialismo emocional

Quizás te estés preguntando si además del esencialismo físico o material, existe un esencialismo emocional. Es una pregunta que yo también me he realizado y sí, lo hay. Hace ya tiempo que leí The One Skill de Leo Babauta. Tras leer Essentialism lo he re visitado con una nueva perspectiva, más amplia.

The One Skill trata de dejar ir lo que no nos conviene emocionalmente para simplificar nuestra vida. Es otra forma de decir centrarse en lo esencial. Te lo recomiendo (su blog, Zen Habits, también) como complemento al libro sobre el que gira esta entrada. Es un eBook gratuito.

Conclusión

Por mi propia experiencia puedo decirte que nada de lo que he descrito es sencillo de aplicar. Buscar lo esencial en cada faceta de nuestra vida requiere un esfuerzo continuado y una revisión constante. No en vano, en el título del libro encontramos “The disciplined pursuit of less”.

Hacer únicamente lo que nos llena, nos completa y nos acerca un paso más a nuestros objetivos y a nuestra visión de futuro requiere un método y disciplina para aplicarlo cada día. Por otro lado, no puedes pretender experimentar un cambio si sigues haciendo siempre lo mismo, repitiendo las mismas pautas y los mismos comportamientos.

Tengamos más o menos disciplina, comenzar a buscar lo esencial es muy sencillo. A partir de ahora, ante cada decisión pregúntate: ¿realmente me encanta esto?, ¿esto se alinea con mis valores, con lo que quiero llegar a ser?. Sé sincero/a contigo mismo/a y ten el valor de automatizar/eliminar lo no esencial y vivir plenamente tu búsqueda de lo esencial.